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11-M

Juicio en marcha

El juicio del 11-M ha comenzado. Después de casi tres años de investigación demencial, donde la manipulación de pruebas ha sido la norma más que la excepción, acusados, testigos y peritos están desfilando por el estrado de esa sala de la Casa de Campo donde se ha instalado temporalmente el tribunal de la Audiencia Nacional.

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¿Vamos a saber la verdad? No del todo. Este juicio se celebra para determinar la culpabilidad o inocencia de los pelanas que han querido presentarnos como responsables del atentado que cambió la Historia de España. No podremos dilucidar, por tanto, quiénes son los verdaderos responsables. Para eso habrá que abrir nuevas líneas de investigación.
 
Sin embargo, para lo que sí va a servir el juicio es para aclarar una parte crucial de los hechos, que son, verdaderamente, lo único importante. Va servir para determinar qué pasó en aquellos días de vértigo que siguieron a ese atentado atroz, ejecutado con precisión milimétrica. Va a servir para elucidar las innumerables dudas y contradicciones que afectan a la investigación policial. Para esclarecer las presuntas manipulaciones, la secuencia de aparición de las pruebas, la responsabilidad de cada funcionario en la construcción de una versión oficial que cada día se nos presenta más tenebrosa.
 
Durante las tres primeras semanas hemos tenido la posibilidad de ver desfilar por el estrado a los 29 acusados. Cada uno de ellos era libre, por supuesto, de decir o no decir la verdad. Un acusado puede mentir. Así pues, poco o nada hemos sabido del propio atentado: hemos hablado de si fulano era más o menos islamista, de si mengano hablaba por teléfono con aquél, de si zutano traficaba con hachís o con Goma 2-ECO..., pero nada o casi nada hemos hablado de los trenes, de las bombas, de los hechos relativos a la matanza.
 
El juez Del Olmo.Sin embargo, el panorama va a cambiar, porque ahora llega el turno de los testigos. Y éstos sí están obligados a responder a todas las preguntas y a decir la verdad.
 
Aunque parezca mentira, a los abogados de las acusaciones y de las defensas no se les ha permitido, durante tres años, interrogar a los testigos. El abuso del secreto de sumario por parte del juez Del Olmo ha impedido a esos abogados participar en las diligencias de interrogatorio. Y ello a pesar de que sobre la mesa del juez se acumulaban los indicios de que las pruebas no cuadran, de que se han presentado testigos falsos, de que los informes policiales se contradicen entre sí.
 
Se ha tratado de impedir que los abogados de las partes participaran en las investigaciones rechazando diligencias de prueba que eran de mero sentido común. Así, por ejemplo, Del Olmo no accedió a la petición de una de las acusaciones de que se exigiera a los Tedax la entrega de los informes originales de los análisis de los explosivos de los trenes. ¿Qué motivo podía haber para ello? También se impidió, por el procedimiento de abrir unas diligencias secretas separadas, que los abogados de varias de las acusaciones interrogaran, por ejemplo, a Sánchez-Manzano y a su jefa de laboratorio acerca de la presunta aparición de nitroglicerina en los focos de explosión de los trenes.
 
Todo eso se ha terminado. Los testigos tendrán que responder en público a las preguntas que hagan los abogados. Y tendremos la posibilidad, por fin, de ver qué pasó con la furgoneta de Alcalá. Y con la mochila de Vallecas. Y con el Skoda Fabia. Y con el piso de Leganés.
 
La fase de oscurantismo ha llegado a su fin. La luz y los taquígrafos nos van a permitir ahora verificar si eran ciertas las denuncias que los medios de comunicación independientes han venido realizando: si es cierto que se entregaron al juez fotografías que no eran; si es verdad que aparecieron en comisaría pruebas que no estaban en ningún escenario real de la trama; si efectivamente hay testigos cuyas declaraciones no cuadran.
 
Es ahora, en el momento en que los testigos empiezan a desfilar por el estrado, cuando da comienzo el verdadero juicio. Porque vamos a hablar sin límites, por fin, de los verdaderos hechos.
 
Dependiendo de la escena que dibujen esos interrogatorios podremos plantearnos qué fue lo que pasó el 11 de Marzo. Y abrir nuevas diligencias para investigar a los verdaderos culpables, o para depurar las presuntas irregularidades en el manejo de las pruebas. Cada palo habrá de aguantar su vela. Porque no es lo mismo escribir un informe pensando que nadie lo va a someter a escrutinio que mentir directamente delante de un juez. Las falsedades en los informes siempre pueden achacarse a error. Las falsedades vertidas en el estrado, cuando se declara como testigo, son un delito.
 
Ésa es la razón de que algunos estén tan nerviosos. La versión oficial del 11-M sólo podía sostenerse si la amparaba la oscuridad. Ahora que se abren las puertas, la luz va a entrar a raudales. Y asistiremos a la muerte en directo de una versión oficial diseñada para engañar a los españoles acerca de la verdadera autoría de unos atentados que, según todos intuimos, tienen mucho que ver con la deriva política que está sufriendo el país desde entonces.
 
¿La verdad nos hará libres? Sin duda alguna. La democracia no puede pervivir en una nación si no se aclara el mayor atentado terrorista que esa nación ha sufrido. Los ejemplos históricos de atentados bajo falsa bandera son numerosos. ¿Fue el 11-M nuestro incendio del Reichstag, que los nazis atribuyeron a un comunista holandés y utilizaron para hacerse con el total control del poder en Alemania? A la luz de lo que hasta ahora conocemos, da toda la sensación de que así es: el 11-M fue un atentado manipulado que algunos utilizaron para poner en marcha una dinámica que las urnas jamás hubieran autorizado.
 
 
LUIS DEL PINO dirige en LIBERTAD DIGITAL TV el programa 11-M: EL JUICIO.
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