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RUSIA-CANONIZACIONES

Rezar a "San José"

No, no se trata de San José, el carpintero. Se trata de la probable aparición en la Iglesia Ortodoxa rusa de un nuevo santo que podríamos llamar José el asesino, ya que el candidato a la canonización es ni más ni menos que el mismísimo “padre” Stalin.

El que escribe estas líneas no está borracho, ni drogado, ni intenta tomar el pelo a los lectores. En Rusia millones de personas claman la inmediata canonización del principal rival de Hitler en todo tipo de maldades, especialmente asesinatos de curas y monjes. Creó un perverso régimen represivo y aniquiló a un buen porcentaje de la población de su propio país. A esto se añade su afán por cerrar las iglesias y monasterios convirtiéndolos en pocilgas o depósitos de abonos orgánicos para los campos de cultivo. Pero, los partidarios de su canonización no “se acuerdan” ni de las iglesias destruidas, ni de los millones de muertos por la paranoia bolchevique.

La discusión sobre la posible canonización de Stalin va en serio, incluso en los círculos laicos y entre los políticos de todas las tendencias. Como primer paso para la restauración del culto del dictador se baraja la idea de devolver el nombre de Stalingrado a la ciudad de Volgogrado, rebautizada por Jruschev durante su campaña antiestaliniana de los años 50-60. Mientras, el movimiento para canonizar a Stalin cobra fuerza en la Rusia más profunda. El padre Dmitri Dudko, párroco de la iglesia de la ciudad de Kamien-na-Obi y uno de los promotores de la canonización, dice que “Stalin fue un caudillo elegido por el mismo Señor. Fue un verdadero creyente ortodoxo. A veces perdía la fe pero siempre la recuperaba”.

Entre los partidarios de la canonización de Stalin figuran también intelectuales conocidos, como el historiador y publicista, Leonid Bolotin. Opina que no se puede prohibir al pueblo adorar a los que son sus “elegidos” aunque admite que los que veneran a Stalin son, por el momento, “grupos de religiosos marginados”. Mientras tanto, los rumores sobre la “santidad” del “padre” se multiplican cada día. Se comenta que un tal Kirili Pavlov, un santón venerado por los rusos, declaró que Stalin fue perdonado por el Señor ya que se arrepintió de sus desmanes antes de morir. A esto se añaden los cuentos populares. Una anciana ciega recuperó su vista tras besar la tumba de Stalin en la plaza Roja de Moscú. Un joven cojo se deshizo de este mal al rezar ante el retrato del “padre”. Apareció del cielo, montado en un caballo blanco, en un combate contra los chechenos, reanimó a los guerreros ortodoxos caídos y les concedió la victoria sobre los infieles. Aparece en el Kremlin y enseña al presidente Putin cómo salvar a Rusia, etc, etc.

Millones de personas hambrientas y de ideología confusa depositan sus últimas esperanzas en un nuevo “defensor” de Rusia. Sus retratos son de nuevo objeto de culto, esta vez religioso. Sus iconos aparecen en las iglesias y la gente enciende velas ante su imagen. Mientras tanto el patriarcado de Moscú se opone a esta canonización pero su voz apenas se oye y su protesta no tiene mucha repercusión. Independientemente de la postura de la Iglesia, uno de los dictadores más sangrientos de siglo XX ya se venera como santo por millones de rusos.


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