
Hecha esta advertencia, vamos a abordar el tratamiento de la eutanasia que hace ese cineasta en el tramo final de su film. La película trata de Frankie, un veterano entrenador de boxeo (Eastwood) que arrastra un pasado doloroso y que, en cierto modo, trata de protegerse de la realidad. Es un cristiano de misa diaria y comparte su trabajo con Scrap, encargado de mantenimiento del gimnasio y ex-boxeador (Morgan Freeman). Un día llega una chica, Maggie, que quiere ser boxeadora, y tras mucha resistencia, Frankie decide prepararla para un campeonato. Durante dos horas la película desarrolla magistralmente los conflictos de estos tres personajes. La culpa, el perdón y el ajuste de cuentas con el pasado, temas recurrentes de nuestro cineasta, entretejen el desarrollo y la fuerza moral de los protagonistas. Frankie tiene una hija a la que no supo mantener a su lado, y a la que escribe a diario para recibir devueltas todas las cartas. También le asaltan dudas teológicas para las que su incompetente párroco no ofrece la ayuda adecuada.
Así las cosas, Maggie escala finalmente el campeonato mundial, siempre con las dudas y reticencias de Frankie que quiere protegerla de la posibilidad del fracaso. Allí, su contrincante, experta en juego sucio, le propina un mal puñetazo con la fatal suerte de que cae sobre una banqueta y se destroza la médula espinal. Queda paralítica, llena de escaras, y con una pierna amputada. Su respiración es asistida y su horizonte de rehabilitación es mínimo. Entonces, tras fallidos intentos de suicidio, le pide a Frankie que la mate. Y a Frankie es lo que le faltaba. Sabe que es un grave pecado; consulta con el párroco que sigue con su habitual ambigüedad confusa y abstracta. Y finalmente, Frankie lo hace. Para desaparecer a continuación hundido en la miseria.
Perdonen tanto preámbulo, pero era necesario. Al grano: son unos cuantos los críticos que comparan esta historia con la pro-eutanásica Mar adentro. Pero creo que es un error que es interesante analizar. Los personajes de Amenábar están diseñados abstractamente para conducir paso a paso a la afirmación de la eutanasia como un bien debido de justicia. Es una película de “final feliz” en la que el héroe consigue su meta y todo vuelve a su “natural” equilibrio. Como siempre en Amenábar, no hay drama real, sino drama “de diseño”. Million Dollar Baby es otra cosa. Aparte de que sólo una quinta parte del film se centra en la eutanasia, esta no tiene la forma de “propuesta”, de solución “feliz”, no aparece como algo bueno. Es más bien el resultado de una decisión dramática de un personaje que opta por perderse a sí mismo. Un personaje con serios problemas de conciencia, con sentimiento de culpa, atrapado en sus conflictos morales. ¿Quién ha visto algo de esto en el personaje de Ramón Sampedro y adláteres?