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LO MÁS ALARMANTE

Constitución Europea y derechos humanos

De entre las objeciones que se le están haciendo a ese tratado internacional al que llaman asaz indebidamente Constitución Europea, se suele hacer hincapié en unas pocas: que España pierde poder respecto al que tiene en el vigente Tratado de Niza; que Zapatero ha convocado el referéndum a modo de plebiscito, ya que quiere borrar toda sombra de duda, y quién sabe si también las suyas propias, sobre la legitimidad de su victoria tras una notoria manipulación mediática después del mayor atentado terrorista de nuestra historia, y, por ello, habría que votar que no, pues sobre lo que se nos preguntaría sería sobre él; que esto no es una Constitución y que la campaña para el referéndum está siendo como poco una tomadura de pelo. ¿Pero es esto lo más alarmante?

De entre las objeciones que se le están haciendo a ese tratado internacional al que llaman asaz indebidamente Constitución Europea, se suele hacer hincapié en unas pocas: que España pierde poder respecto al que tiene en el vigente Tratado de Niza; que Zapatero ha convocado el referéndum a modo de plebiscito, ya que quiere borrar toda sombra de duda, y quién sabe si también las suyas propias, sobre la legitimidad de su victoria tras una notoria manipulación mediática después del mayor atentado terrorista de nuestra historia, y, por ello, habría que votar que no, pues sobre lo que se nos preguntaría sería sobre él; que esto no es una Constitución y que la campaña para el referéndum está siendo como poco una tomadura de pelo. ¿Pero es esto lo más alarmante?
El juez encarnado por Spencer Tracy es iusnaturalista, al contrario que la constitución europea, por lo que condena a Burt Lancaster
Conforme iba leyendo por primera vez el texto del tratado, pues yo soy de esos que prefieren informarse y tener opinión propia, pese a lo que diga el Notario Mayor del Reino, que en vez de dar fe nos la pide para que votemos sí, incluso desconociendo el contenido del tratado, pues, como decía, según iba leyendo, me fui inquietando. Me encontraba con expresiones como "derechos inviolables e inalienables", "derechos humanos", "valores indivisibles y universales de la dignidad humana", etc. Todo esto sonaba bien, pero había algo que me estaba desazonando sin saber bien qué era, hasta que caí en la cuenta: no se decía que los derechos humanos son inherentes al hombre. Alguno podrá pensar que sólo es cuestión de palabras, pero qué es el hombre sin palabras… y sin silencios. Ni unas ni otros son hueros, siempre tienen una significación y una intención. Pero además de esta omisión, me encontré con esta afirmación en el Preámbulo de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión: "La presente carta reafirma (…) los derechos que emanan en particular de las tradiciones constitucionales y las obligaciones internacionales comunes". ¿De dónde brotan los derechos humanos: de lo que el hombre es o de lo que decide, de la naturaleza humana o de los textos legales? Es decir, hay que preguntarse si queremos una Europa iusnaturalista o iuspositivista.
 
Todos recordamos la película de Stanley Kramer sobre el Juicio de Nuremberg ¿Vencedores o vencidos? Spencer Tracy encarna a un juez estadounidense que ejerce como tal en ese juicio y Burt Lancaster a uno alemán acusado por su colaboración judicial con el nacional-socialismo. La línea de la defensa se basaba en afirmar que el juez nazi se había limitado a aplicar las leyes vigentes en Alemania. Si los derechos humanos emanan de las leyes, difícilmente se puede perseguir a un tirano o a un genocida, pues siempre alegará haber actuado conforme a la ley. Pero el juez que interpreta Spencer Tracy no es iuspositivista, sino iusnaturalista y, por ello, puede reconocer que las leyes pueden ser injustas, aunque hayan sido aprobadas por un parlamento, pues hay algo por encima de la voluntad del legislador, que hoy puede decir blanco y mañana negro: la esencia humana. Tal vez alguno pueda alegar que implícita o indirectamente esto está recogido en el tratado internacional del que hablamos, pero esto, aunque así fuera, a mí me parecería insuficiente. Algo de tal importancia debería aparecer enérgica y muy explícitamente indicado en esta Carta de Derechos, máxime en estos tiempos de nominalismo, voluntarismo y nihilismo; prueba de ello es que la demanda social y una mayoría parlamentaria pueden llegar a crear aberraciones como el derecho al aborto, a la "eu"-tanasia, a un pseudomatrimonio homosexual, etc.
 
Me sorprende sumamente que punto tan decisivo no haya sido objeto de un profundo y vigoroso debate público. Me gustaría estar equivocado, pero creo que, aunque tímidamente, se nos está colando algo que ahora tal vez pueda parecer que no tiene una gran importancia, pero que rodando el tiempo no sabemos a dónde pueda acabar. Es necesario anclar la convivencia colectiva en la realidad que es el hombre, que, por otra parte, es "la herencia cultural, religiosa y humanista de Europa". Si todo depende del legislador, aun con elección democrática, tal vez terminemos diciendo lo del Tesorero del Fausto de Goethe: "De tal modo hemos llegado a prescindir de los derechos que no ha quedado en vigor ni uno de ellos".
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