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SÓLO UN BESO, SU ÚLTIMA PELÍCULA

La apuesta por el laicismo de Ken Loach

El famoso cineasta británico Ken Loach, conocido por su mordiente cine social y sus afinidades con la izquierda más reivindicativa, vuelve a la carga con una denuncia nueva para él: la intolerancia religiosa. Pero su empeño de hacer una película equilibrada y equidistante le ha llevado a dar una imagen falsa de la realidad del catolicismo.

El famoso cineasta británico Ken Loach, conocido por su mordiente cine social y sus afinidades con la izquierda más reivindicativa, vuelve a la carga con una denuncia nueva para él: la intolerancia religiosa. Pero su empeño de hacer una película equilibrada y equidistante le ha llevado a dar una imagen falsa de la realidad del catolicismo.
Detalle del cartel de la película de Ken Loach, Sólo un beso
Casim es un paquistaní británico que vive con su familia musulmana en Glasgow. Siguiendo la tradición social férrea del Islam, sus padres ya le han buscado una novia, otra musulmana de una familia también paquistaní. Pero él se enamora de Roisin, una católica irlandesa separada que da clase a su hermana. El brutal rechazo de la familia de Casim trae sobre él la más implacable condena de la comunidad musulmana. Pero ella también va a toparse con la dureza de corazón de su párroco que le va a poner las cosas muy difíciles.
 
Esta película, con muchos puntos de interés propios del cine de Loach y de su guionista habitual, Paul Laverty, es sin embargo una película fallida. Así como dibuja con bastante acierto lo que sucede en el interior de una familia musulmana, hace sin embargo una caricatura de la pertenencia católica, aparentemente basada en formalismos y normas burocráticas. Además, así como el padre de Casim es un hombre bueno, movido sólo por lo que piensa que es mejor para sus hijos, el párroco de Roisin es un energúmeno que en ningún momento le ofrece una compañía real a ella ni una ayuda para sus problemas.
 
Sólo cabe una lectura conclusiva de la historia del film: las tradiciones religiosas son hoy un lastre para la verdadera libertad. Dicho de otra forma, el laicismo es la única salida para superar la intransigencia propia de las religiones “institucionales”. Vemos pues al Ken Loach más genuino, apegado a la doctrina marxista más clásica. Su puesta en escena es, como siempre, muy realista, muy urbana, con unos actores (Atta Yakub y Eva Birthistle) que, también como siempre, son impecables. Pero el peso de la ideología es un lastre demasiado indigesto.
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