
Aunque el tema central de Batman Begins es cómo Bruce controla su propia fobia (a los murciélagos) y la redirecciona para luchar contra el miedo (personificado en el villano Espantapájaros), la película también presenta la imagen de un empresario –un empresario extraordinariamente rico– que supera los estereotipos de ese colectivo representado casi inevitablemente como corrupto, sin ética y sin corazón.
Thomas Wayne, el padre de Bruce, fundó Industrias Wayne con una visión filantrópica, en esencia unir el capitalismo con genuino interés por los necesitados. Los defensores de la planificación centralizada pregonaron el “éxito” del transporte público y del New Deal pero no hay intromisiones gubernamentales en Batman Begins. Thomas Wayne usa Industrias Wayne para construir el sistema ferroviario de la ciudad y casi lleva a la ruina a la empresa durante la Depresión por aliviar el sufrimiento de Gotham. Alfred, confidente de la familia y mayordomo, explica a Bruce que su padre había querido que sus esfuerzos fuesen una inspiración para sus colegas. Thomas Wayne y su esposa no son representados como corruptos y explotadores sino como el núcleo moral de la ciudad; después de ser asesinados, Gotham cae en una espiral de corrupción.
La película parece presentar la visión de que la rica familia Wayne puede ser culta, tener y disfrutar de sus símbolos de estatus –esencialmente vivir el estilo de vida burgués– y seguir siendo gente virtuosa. Karl Marx debe estar revolviéndose en su tumba.
Sin embargo, uno de los aspectos más gratificantes de esta película es la afirmación del valor de las instituciones tradicionales más en lo general, como familia, estado de derecho y propiedad privada de los medios de producción.
Cuando Wayne regresa de Princeton a Wayne Manor, rechaza su hogar, su herencia y da a entender que pronto volverá a irse otra vez. Alfred Pennyworth, el mayordomo fiel pero prosaico de los Wayne que crió a Bruce para que fuese un caballero, le dice que muestre respeto por las “seis generaciones” que vivieron allí y que llevaron su nombre antes que él. En otro momento, Alfred le recuerda de sus obligaciones como anfitrión. Bruce contesta: “No me importa mi nombre” y Alfred le replica: “No es sólo su nombre, es el nombre de su padre. Y es todo lo que queda de él. No lo destruya”. El énfasis en la dignidad de la familia y la adhesión al convencionalismo social desafía los vítores contemporáneos a la expresión individual y a la huída de la responsabilidad.
El principio del imperio de la ley acaba con la idea de tomarse la justicia por propia mano. Los chicos malos resultan siendo miembros de la Liga de las Sombras, de quienes Wayne aprendió a luchar. Este grupo asegura haber acabado con Roma y Constantinopla, y hasta con Londres, por llenar las bodegas con ratas infectadas con la peste bubónica. Esta vez, Ra's al Gul, el cabecilla del grupo, aduce usar la economía y el miedo para destruir Gotham, lamentando que lo único que evitó que lograse su victoria fue el virtuoso ejemplo de Thomas Wayne. Finalmente, la creencia tenaz de Bruce en las instituciones sociales como canales apropiados para la justicia se convierte en el momento clave de la ruptura entre él y la Liga.¿Y la propiedad privada? Hasta como técnica de lucha es sólo un arma, algo ni bueno ni malo en sí, pero sujeta al propósito del que la usa, así es que el director-guionista Christopher Nolan presenta el capital y los medios de producción: “Creímos que Bruce debía tener un conducto a las Industrias Wayne”, explica Nolan. “Algo que le permita usar, por la puerta trasera, su propia enorme fortuna proveniente de la corporación fundada por su padre”. Desde el Tumbler (la versión modernizada de Nolan del Batmóvil) a las diez mil máscaras defectuosas de Batman (fabricadas en Asia) a sus propios “batarangs” personalmente diseñados, Bruce da un verdadero toque empresarial a la visión filantrópica de su padre al tiempo que busca activamente desenraizar la corrupción y servir como dechado de virtudes en Gotham.
¿Es el mismo Batman un microcosmos de la entidad empresarial? Es probable que no lo sea intencionadamente, pero mientras él diseña su idea de luchar contra la injusticia como Batman, le explica a Alfred: “Un hombre es sólo de carne y hueso, puede ser ignorado o destruido. Pero un símbolo... como símbolo yo puedo ser... eterno”. Las empresas también son simbólicas. Sus nombres representan legalmente entidades distintas que existen indefinidamente y operan independientemente de los convencionalismos humanos. Esto es tanto una virtud como una debilidad, pero será más lo primero mientras las personas que lo componen estén comprometidas a la solidaridad hacia sus vecinos, tal como lo creía Thomas Wayne.
Aceptemos que un magnate de los negocios que por la noche usa capa y lucha contra el crimen es algo poco probable y está pensado para apelar a la fantasía. Sin embargo, esas películas ejercen una poderosa influencia sobre la imaginación popular. La representación de un ciudadano moralmente responsable que es fiel a la idea de estar al servicio del bien común, no sólo desafía los estereotipos arraigados con respecto a los negocios; nos desafía a todos para buscar el bien, hasta heroicamente.
Ben Sikma es un asociado del Instituto Acton.© 2005 Traducción por Miryam Lindberg del artículo original.