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UN CUENTO CRISTIANO

Las crónicas de Narnia

Llega una de las películas más esperadas de los últimos meses: Las crónicas de Narnia: el león, la bruja y el armario. La adaptación de este cuento de C.S. Lewis puede ser el comienzo de una nueva y rentabilísima saga. La cuestión es si esta película transmite con acierto la cosmovisión cristiana que se desprende del original. Y la verdad es que el resultado no está nada mal.

Juan Orellana
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Los antecedentes del director, Andrew Adamson, eran inquietantes si pensamos que sus anteriores obras, Shrek y Shrek 2, están en las antípodas de lo que C. S. Lewis quiso contar en sus relatos. Pero ha ofrecido una versión más que digna, que ha contado con la aprobación del hijastro de Lewis.

Las Crónicas de NarniaEl formato del film es el de un cuento infantil; en este sentido no tiene el espesor argumental de El Señor de los Anillos, que es toda una cosmogonía y entra dentro de un planteamiento mucho más mítico y grandilocuente. Las crónicas de Narnia deja claro desde el principio que es otra cosa, un relato infantil para momentos de congoja. Pero eso no significa que su densidad simbólica y metáforica sea menor que la de la trilogía Tolkien-Jackson. En absoluto: muchos personajes, situaciones, palabras y actos de la película de Andrew Adamson están cargados de ecos cristianos, cuando no son referencias inequívocas.

La historia narra las aventuras de cuatro hermanos: Lucy, Edmund, Susan y Peter que, durante la Segunda Guerra Mundial, descubren el mundo de Narnia, al que acceden a través de un armario mágico mientras juegan al escondite en la casa de campo de un viejo profesor. Argumentalmente, la película arranca con un bombardeo alemán a Londres. Cuando la casa de nuestros protagonistas empieza a recibir impactos, Edmund, el varón más pequeño de los cuatro hermanos, se lanza peligrosamente a la búsqueda de una foto de su padre, ausente por la guerra. Este deseo vivo del padre, esta pertenencia que viven los hermanos, es el inicio de una aventura de redención, en la que los chicos encontrarán una pertenencia mucho más adecuada a sus anhelos, la de formar parte del Reino de Aslan. Aslan, de hecho, es uno de los personajes más elocuentes de significado: es un rey (un león), que para salvar a los suyos entrega su vida voluntariamente en un cruento sacrificio, y al día siguiente, se rompen las piedras del templo y Aslan resucita, vence al Mal y lleva a todos sus amigos a la victoria.

La Reina Blanca (la bruja)La reina blanca -la bruja- representa el mal, la tentación del poder, el pecado. Es una mujer sin hijos, fría, pero que sabe seducir porque ofrece dominio. Edmund, de hecho, sucumbe a sus promesas y por ello deberá ser liberado con la sangre de Aslan. ¿Y por qué Edmund cae en la tentación? Porque tiende a ir por libre, a desobedecer a su hermano mayor. Pero no importa, todo se le perdona, y el propio Aslan le tratatá con preferencia. Será un padre para él -aquel padre perdido en la guerra-. Deliciosa es la escena en la que Aslan y Edmund se cuentan confidencias al atardecer.

Los protagonistas tienen mucho que ver con los hobbits de la Compañía del Anillo: saben que no son héroes, que necesitan ayuda, que no son capaces de hacer lo que se espera de ellos. Pero también saben que hay una Magia Profunda, una Gracia, que si la suplicas “estés donde estés serás ayudado”. La película también aborda los temas clásicos de la maduración personal, la vida entendida como vocación, la esperanza del pueblo como debilidad del tirano, etc.

Visualmente es una película muy luminosa, que nos redime un poco de la oscuridad de Harry Potter y El Señor de los Anillos. Algunos personajes nos recuerdan a los monstruos de Peter Jackson, e incluso al propio Shrek, pero el film nunca cae en la tentación de la burda imitación, y nos muestra un abanico de diseños originales y muy conseguidos como los del Minotauro, los faunos, los centauros o los simpáticos castores.

En fin, una apetecible oferta navideña, entretenida, muy bien hecha, y que ilustra con eficacia grandes categorías de la historia de la salvación, la verdadera historia de la salvación, la real, no la de los cuentos.
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