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PREMIOS GOYA

Una Academia monocolor

No sé si ustedes habrán tenido tiempo o interés para analizar un poco las nominaciones de los premios Goya. Desde hace unos años, coincidiendo con los gobiernos del Partido Popular, la Academia ha dado señales inequívocas de un giro ideológico, partidista y reivindicativo, dando la espalda al verdadero espíritu de una Academia, por naturaleza ajena a cualquier planteamiento "sindical".

No sé si ustedes habrán tenido tiempo o interés para analizar un poco las nominaciones de los premios Goya. Desde hace unos años, coincidiendo con los gobiernos del Partido Popular, la Academia ha dado señales inequívocas de un giro ideológico, partidista y reivindicativo, dando la espalda al verdadero espíritu de una Academia, por naturaleza ajena a cualquier planteamiento "sindical".
Héctor, la pelicula de Gracia Querejeta injustamente olvidada en los Goya
Lo denunció Berlanga hace un año, y desde entonces ese proceso ideológico, lejos de frenarse, se ha acelerado. Por supuesto que existen académicos serios que no utilizan la institución para hacer política de partido, pero su presencia no se nota, bien por su reducido número, bien porque no están entre los que dirigen activamente el cotarro.
 
Vamos a fijarnos hoy en las películas que optan a la mejor película, y descubramos un interesante factor común en su relación con el cristianismo. Mar adentro, independientemente de que su propuesta moral y antropológica esté en las antípodas del realismo cristiano, le dedica a la Iglesia una de las escenas más cruelmente anticlericales que se recuerdan en la historia del cine patrio. La patética secuencia del Padre Francisco, que es una burla de la hermosa anécdota del P. Luis de Moya. La mala educación es menos anticlerical de lo que parece, pero Almodóvar decidió que el marketing del film fuese diseñado contra la Iglesia, consciente de que los aires laicistas se traducirían en pingües beneficios. Un cura pederasta, algo sádico y muy homosexual, amén de sus secuaces, han sido el reclamo ideal de una campaña publicitaria exitosa. Tíovivo c. 1950 no es una película anticatólica, como no lo es su director Garci, pero ofrece una imagen muy triste, tópica y parcial de la Iglesia. Un cura enamorado de una joven y resignado con una vocación que no le hace feliz, otro que vive encerrado en el único horizonte de su sacristía y sus dineros, y por último, una beata que se vale de la devoción popular a la Virgen para forrarse con limosnas y aportaciones de los fieles. Dicho de otra forma: ni asomo de atractivo; una Iglesia como para salir corriendo. Por fin, Roma, del argentino Aristarain, sigue la pauta consolidada de "construir" la antitradición: la del anticatolicismo, la del ateísmo liberal, la de la ilustración postmoderna, la de la nada. Trata de leer el proceso histórico de occidente –centrado en la segunda mitad del siglo XX en Buenos Aires– en clave de liberación de la esclavitud de la cosmovisión religiosa. Se propone un nuevo modelo de humanidad, solidaria, atea, sexualmente descomprometida, librepensante,… que sustituye a la antropología cristiana tradicional.
 
Frente a estas nominaciones, tan originales en sus planteamientos de fondo, hay películas mucho más libres y honestas, y mejor narradas, como Héctor, de Gracia Querejeta, que se han ido inmerecidamente casi de vacío. Esta película aborda cuestiones de plena actualidad (familias rotas, búsqueda del padre, necesidad del perdón familiar,...), sin asomo de ideología (¡por fin!), y con una aproximación a la Iglesia mucho más realista y representativa que las arriba citadas: un sacerdote de barrio, muy trabajador, buen pastor e implicado hasta el fondo en el drama humano de sus fieles, sin pedir nada a cambio.
 
En fin, esto es lo que hay. Menos mal que a estas alturas nadie duda que los premios de academias y festivales nada tienen que ver con la calidad artística de las películas premiadas. Los criterios de votación son de otro tipo. Pero el verdadero premio está en las taquillas y ahí es donde los espectadores votamos a quién sí y a quién no damos nuestro dinero.
 
Y por cierto ¿alguien sabe qué pinta entre los mejores documentales la esperpéntica campaña electoral de Hay motivo, que además no la han ido a ver ni 500 espectadores en toda España? Para morirse de risa. El prestigio de la Academia está por los suelos.