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EL CÓNSUL PERLASCA

Unos hechos incómodos para la Historia oficial

Esta conmovedora historia muestra, a través de Perlasca y de otros personajes, como el del jefe de una de las casas de refugiados, la realidad de tantos católicos que lucharon para frenar el holocausto en la medida de sus posibilidades. Además, el film confirma la labor que España realizó a favor de los judíos, mediante la concesión de salvoconductos, con la excusa de la ley de 1924 de Primo de Rivera, por la que se concedía a los judíos sefardíes el derecho de ciudadanía española.

Esta conmovedora historia muestra, a través de Perlasca y de otros personajes, como el del jefe de una de las casas de refugiados, la realidad de tantos católicos que lucharon para frenar el holocausto en la medida de sus posibilidades. Además, el film confirma la labor que España realizó a favor de los judíos, mediante la concesión de salvoconductos, con la excusa de la ley de 1924 de Primo de Rivera, por la que se concedía a los judíos sefardíes el derecho de ciudadanía española.
Fotograma de la película El cónsul Perlasca
Con atraso y discreción se estrenó el pasado 14 de enero una película políticamente incorrecta. El cónsul Perlasca es una producción italiana de la Rai que cuenta un suceso real, recogido en la novela La banalidad del bien, de Enrico DeAglio (Editorial Herder). El título del libro se inspira en una obra de Hannah Arendt, La banalidad del mal, escrito con motivo del juicio, en Jerusalén, del ex nazi Eichmann. Giorgio Perlasca fue un empresario católico italiano, seguidor en su juventud del fascismo de D´Annunzio, al que la Guerra Mundial sorprendió en Budapest. Antes había luchado en España como voluntario en el bando de Franco al enterarse de que el Frente Popular quemaba las Iglesias. Ahora, en Budapest quería defender también el derecho de los judíos a existir y dar culto a Dios libremente en las sinagogas. Por ello, al saber que España escondía judíos en las legaciones diplomáticas, se empleará a fondo en salvar hebreos colaborando con el embajador franquista, Sanz Briz. Cuando este se ve obligado a irse por razones políticas, Perlasca se autoproclamó Cónsul de España y llegó a salvar más de cinco mil judíos, jugándose la vida varias veces. Perlasca colocó banderas españolas en muchas casas y hospitales para proteger a los judíos que había dentro. El embajador, emplazado en Suiza, siguió comprometiendo la neutralidad de España para apoyar la innumerable cadena de ilegalidades burocráticas que Perlasca tenía que hacer para salvar vidas. “Viendo a miles de personas a punto de ser exterminadas por odio racial y religioso, y teniendo la posibilidad de hacer algo por ellos, confié en que el gobierno español no me delataría ya que ellos también eran contrarios a la actuación abominable de los nazis”, declaró el propio Perlasca años después.
 
Esta conmovedora historia muestra, a través de Perlasca y de otros personajes, como el del jefe de una de las casas de refugiados, la realidad de tantos católicos que lucharon para frenar el holocausto en la medida de sus posibilidades. Además, el film confirma la labor que España realizó a favor de los judíos, mediante la concesión de salvoconductos, con la excusa de la ley de 1924 de Primo de Rivera, por la que se concedía a los judíos sefardíes el derecho de ciudadanía española. No había más que unos 200 sefardíes en Hungría... pero Perlasca salvó a más de cinco mil. Según los historiadores unos veintiocho mil judíos cruzaron los Pirineos durante la guerra, acogidos por las autoridades españolas. Según los documentos, España salvó en total entre treinta mil y sesenta mil víctimas del Holocausto.

Fotograma de la película El cónsul Perlasca

Al acabar la guerra Perlasca pasó al anonimato absoluto hasta que algunos judíos dieron con él y sacaron a la luz sus hazañas. Este Oskar Schlinder mediterráneo obtuvo en España la Gran Cruz de Isabel la Católica, y en Hungría, Estados Unidos e Italia también recibió importantes honores y reconocimientos. Los judíos le dieron el título de Hombre Justo, y le hicieron plantar un árbol junto al de Oskar Schlinder en la Avenida de los Hombres Justos de Jerusalén. Murió en 1992.
 
La película, dirigida por el realizador televisivo Alberto Negrín y asesorada por la viuda e hijo de Perlasca, no es una obra maestra, pero es tan interesante y tiene tantos momentos brillantes y emotivos que se puede considerar una película más que notable. El trabajo de Luca Zingaretti, que interpreta a Perlasca, está lleno de contención y representa las antípodas de un héroe solemne y sobrehumano. Película muy recomendable.
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