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Itxu Díaz

También el narciso se marchita

Esa ocurrencia de dinamitar el CNI quiebra una norma básica de prudencia en la vida: nunca te metas con quien te lava la ropa interior.

También el narciso se marchita - Itxu Díaz
Pedro Sánchez. | EFE

Una de las habilidades más preciadas en política es saber detectar el olor a quemado. Sánchez es hombre de dos –ejem– virtudes: tiene talento para la mentira y domina el matonismo de portero de discoteca. Ambas destrezas le han permitido sobrevivir en algunas situaciones adversas y hacerse el gallo en el Congreso. Pero en esta ocasión está en llamas y no lo sabe. Por una vez –me durará solo unos segundos– siento cierta compasión por lo que se le viene encima. Incluso su último requiebro parlamentario hace aguas. Quiso plantear una elección a vida muerte a los españoles: la ruina total o los mangantes. Y ni así: obviamente, Sánchez, preferimos a los mangantes.

Hasta hace poco el fuego subía por las barbas de su Consejo de Ministros sin abrasar al líder. Supongo que, si tienes en tu equipo a las Montero, la Belarra o la Yoli, ya no necesitas pirómanos. Cada semana esas llamaradas atraen de tal modo el foco que terminan por salvarle a él. Pero ahora es diferente. La estupidez es contagiosa y todo el Gobierno se ha infectado, hasta tal punto que ya es imposible distinguir a Yolanda Díaz de Margarita Robles, o a Alberto Garzón de Pedro Sánchez. Quizá por eso empieza a haber cargos inquietos en las primeras líneas, preguntándose dónde se colocarán mañana y cuál será la factura a pagar en el mundo real por las vilezas cometidas. Spoiler para gallinas: depende de los favores que te hayas hecho deber.

Incluso la propia Nadia Calviño, que es junto a Robles la ministra más sobrevalorada de la granja, parecía sentir una cierta vergüenza de sí misma, en el papel de feminista sin lecturas, al huir con toda su grosería de una foto con empresarios, como si fuera una vulgar Irene Montero, por no sé qué del machismo y de la ausencia de mujeres en la tarima. Idiotez que, de todos modos, debería ahorrarnos en la próxima, porque Calviño no representa a Calviño en esas reuniones institucionales, sino a todos los españoles, que no tenemos por costumbre hacer el indio antes de la hora de las copas. Que ella está ahí por ser ministra del Gobierno de España, no por ser la muchacha que asiente en segundo plano mientras Sánchez aúlla y se golpea el pecho en el Congreso. Y luego, la justicia poética: mientras la Calviño corría despavorida ante la presencia de tres empresarios machos, para llevar a cabo su gestito feminista, el Gobierno mostraba su verdadera cara destituyendo a una mujer competente, la jefa del CNI, por hacer bien su trabajo en vez arrodillarse ante el presidente, y a petición de los machotes secesionistas. Que el feminismo de la izquierda, al final, siempre consiste en que ellas tengan contento al jefe.

El verdadero drama de Sánchez es que alguien tan soberbio, que se ve a sí mismo tan gigante, esté en manos de tipos tan diminutos y cutres como Aragonés, Rufián, la banda de los Otegui o los comunistas de lo que queda de Podemos o como-leches-se-termine-de-llamar. Y cada día descienden las probabilidades de poder deshacerse de ellos en las urnas. El gran golpe de efecto, y tal vez su última bala, sería adelantar las elecciones, asumiendo que la izquierda se ha suicidado con tanta eficacia que ya solo queda él. Mantenerse hasta el último minuto con el culo pegado al coche oficial, para alguien que tolera tan mal las críticas, será un martirio gratuito para él, y carísimo para España. Hasta ahora no puede salir de casa sin que le silben o increpen. Pero pronto no podrá ni entrar. Esa ocurrencia de dinamitar el CNI quiebra una norma básica de prudencia en la vida: nunca te metas con quien te lava la ropa interior.

Sí, desde Carter hasta Kirchner, ya sabemos que la estupidez no hace caer Gobiernos. Lo que a menudo hace caer a presidentes es una fotografía, un video off the record o un mensaje de texto. Y a esta hora Mohamed VI los tiene todos, que se lo está pasando mejor que nosotros cuando empezaron a salir por fascículos coleccionables las manitas entre Rubiales y Piqué. Imagina 2,6 gigas de chantaje, 2,6 gigas de culto a Su Persona intercaladas, qué sé yo, por comentarios corrosivos sobre cualquiera de su propio Gabinete, alguna que otra cogorza tonta filmada con mano temblorosa en el Falcon al grito de "¡Viva la Guardia Civil!" o fotos tomando el sol en porretas en La Mareta, señalándose sonriente la entrepierna junto al mensaje: "Aquí, bronceando a la fiscal general del Estado, ja, ja, ja".

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