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Magdi Allam, ETA y el terrorismo islamista

¿A qué tenía miedo el Gobierno? ¿Al riesgo de un atentado o a las revelaciones de Allam, que son un varapalo para la "alianza de civilizaciones"? ¿O se quiso evitar que alguien le preguntara por sus investigaciones sobre la posible conexión ETA-Al Qaeda?

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A finales de marzo el diario El Mundo publicó una extensa entrevista con Magdi Cristiano Allam –"uno de los mayores expertos en el islam"–, que acababa de ser bautizado en la fe católica por el Papa Benedicto XVI en una ceremonia celebrada el 21 de marzo en la Basílica de San Pedro en la Ciudad del Vaticano. "He decidido convertirme al catolicismo –decía el titular de la entrevista– porque no creo posible reformar el islam desde dentro". El que un musulmán se convierta al catolicismo no ocurre todos los días, así que me leí la entrevista de cabo a rabo. Confieso mi satisfacción al constatar que Magdi Cristiano Allam está profundamente convencido de la bondad intrínseca del mensaje evangélico y ha decidido dar público testimonio de Cristo, en quien encuentra la fuerza necesaria para no temer a las represalias del fundamentalismo islámico.

La primera vez que supe de la existencia de Magdi Allam, actual subdirector del periódico italiano Il Corriere de la Sera, fue en el año 2002, cuando en su número de 4 de marzo la revista Tiempo le publicó un extenso artículo sobre la posible conexión entre ETA y Al Qaeda, asunto que como es natural despertó mi atención.

Cuando comenzaron los trabajos de la Comisión del 11-M me acordé de Magdi Allam y con base en su artículo preparé una batería de preguntas a los responsables de la lucha contra el terrorismo islamista del Ministerio del Interior que, según dicen las crónicas, provocaron la hilaridad de buena parte de quienes el 7 de julio de 2004 asistieron a la reunión de aquélla. Pero las cosas no eran para tomárselas a broma.

Citando como fuente un informe de un espía árabe en Pakistán, obrante al parecer en el Ministerio del Interior afgano, Magdi Allam daba cuenta de la presencia en enero de 2001 de tres etarras en un campo de Al Qaeda situado en la localidad afgana de Jamada. Los etarras habrían recibido instrucción en el manejo de misiles tierra aire tipo SAM, de fabricación soviética, o Stinger, de fabricación norteamericana, todos ellos procedentes de la guerra de los talibanes contra la ocupación militar rusa. El periodista egipcio daba toda clase de detalles sobre este viaje. Informaciones posteriores apuntaban a la posibilidad de que durante la estancia de los etarras en Jamada se habría concertado la compra de varios misiles tierra-aire a los talibanes. En un informe del CNI de 2001 se alertaba de este hecho, aunque los proveedores podrían haber sido o bien el IRA o bien las FARC colombianas, que por aquel entonces –y lo hemos sabido ahora– proyectaban un atentado en España en colaboración con ETA.

La revista Tiempo publicaba, para corroborar las revelaciones de Magdi Allam, unas declaraciones del diputado socialista Rafael Estrella, portavoz de Exteriores en el Congreso de los Diputados y presidente de la asamblea parlamentaria de la OTAN A la pregunta "¿ETA está conectada con el terrorismo islámico?" formulada por Julia Navarro la respuesta del diputado Estrella fue rotunda: "Parece evidente que sí y que los servicios de información tienen noticia de ello."

En la Comisión del 11-M no sacamos otra cosa que la convicción de que no se había realizado ninguna investigación digna de tal nombre sobre esa presunta conexión. Los responsables del Ministerio del Interior expusieron ante la Comisión del 11-M que no tenían información alguna que pudiera relacionar a ETA con Al Qaeda. Más aún, un informe remitido a la Comisión el 28 de septiembre de 2004 por la Comisaría General de Información de la Policía, decía textualmente: "En esta Comisaría General de Información no existe constancia de ningún otro dato o información que pueda orientar en la dirección de un supuesto entrenamiento de tres miembros de ETA en territorio afgano. Finalmente, entre las múltiples incautaciones de armamento a la organización terrorista ETA no ha aparecido en ningún caso misiles tipo STINGER."

Sin embargo, pocos días después de informe tan luminoso, se produjo en Francia la caída de Mikel Antza, a la sazón número uno de ETA. Con motivo de su detención se localizó un zulo y –oh, casualidad– se encontraron en él dos misiles tierra-aire tipo SAM. Este descubrimiento ponía patas arriba el informe de la Comisaría General de Información. Por esta razón, nada más salir la noticia el Ministerio del Interior se apresuró a señalar que los misiles incautados habían sido adquiridos por ETA durante la tregua de 1998, gracias a la mediación de miembros del IRA asentados en Alemania. Lo único que le faltó fue presentar la factura de compra, IVA incluido.

A mediados del mes de abril, Magdi Cristiano Allam tenía previsto venir a Madrid para presentar su último libro titulado Vencer el miedo. Mi vida contra el terrorismo islámico y la inconsciencia occidental. El viaje hubo de ser cancelado porque, según la empresa editora, el Gobierno español no garantizaba el grado de seguridad que el Gobierno italiano le tiene asignado al señor Allam dado "el alto riesgo que corre su vida". Esta noticia ha pasado prácticamente inadvertida y no deja de ser irritante que sea el propio Gobierno quien ponga de manifiesto la incapacidad de nuestras fuerzas de seguridad (no he visto a los celosos sindicatos policiales protestar por ello) para proteger a un ciudadano por más que esté en el punto de mira del terrorismo islámico. ¿A qué tenía miedo el Gobierno? ¿Al riesgo de un atentado o a las revelaciones de Allam, que son un varapalo para la "alianza de civilizaciones"? ¿O se quiso evitar que alguien le preguntara por sus investigaciones sobre la posible conexión ETA-Al Qaeda?

Si Magdi Allam es uno de los mayores conocedores del terrorismo musulmán no estaría de más que los responsables del Ministerio del Interior y del CNI prestaran alguna atención a sus investigaciones. Ni tampoco que verificaran por qué el diputado Estrella –actual embajador en Argentina– dijo lo que dijo, convirtiéndose así en el precursor de lo que más tarde la progresía patria bautizaría con el nombre de "teoría de la conspiración", simplemente por haber tenido la osadía de formular en el foro parlamentario, animus crispando, la misma pregunta que, tres años antes, había dirigido la periodista Julia Navarro a nuestro diputado Estrella.

Jaime Ignacio del Burgo fue diputado por Navarra de UPN-PP

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