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Chaves Nogales suena a derechas y vale ya

Alardear de ignorancia es el primer paso hacia el "¡Muera la inteligencia!".

Javier Ancín
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Hay una escena en la novela Tiempo de silencio que podría resumir perfectamente qué es hoy un parlamento en España. Luis Martín Santos nos describe un interrogatorio de un policía a un detenido donde ni nos muestra las preguntas ni las respuestas, porque no interesan, sino que nos dibuja la situación mediante unas acotaciones teatrales en las que se nos detallan los tonos, las características de los gestos, la pose, incluso la naturaleza sintáctica de la frase que se está diciendo en ese momento. No se desarrolla una batalla dialéctica de argumentos e ideas sino una confrontación de métodos interpretativos, como las que nos brindan nuestros parlamentarios a diario, porque por lo general no trabajan con la oratoria sino con la pantomima. En los parlamentos españoles la palabra está supeditada al ademán porque lo que interesa es el lenguaje no verbal, que lo entienden todos los votantes, y se exige menos esfuerzo del intelecto para desarrollarlo.

Y casi mejor que sea de esta forma, porque cuando se les presta atención y quieres ir a la sustancia de las frases te llevas unos sustos tremendos. Ayer, en uno de esos extraños casos en los que pusimos la oreja, el consejero de Economía de la Generalidad catalana, Andreu Mas-Colell, se retrató, con mueca de fotomatón, cuando un parlamentario le leyó un pasaje del periodista Chaves Nogales. ¿Chaves Nogales?, contestó el jerarca de CiU; "no sé quién es el periodista ese pero suena de derechas". Y se sentó en su escaño como el mal estudiante que se inventa una respuesta en un examen y piensa que sólo con escribirla en el papel se convierte en matrícula de honor.

El problema no es la ignorancia, que ignorantes somos en mayor o menor grado todos, y desde luego yo el primero. El problema de la ignorancia es la osadía que proporciona, que te permite sentenciar barbaridades sin que se te mueva un pelo del bigote. Alardear de ignorancia es el primer paso hacia el "¡Muera la inteligencia!". No lo sé, espetan sin rubor, pero me atrevo a sentenciar sin miedo porque mi opinión se convierte en ley. El nacionalismo está acostumbrado a que las cosas sean lo que ellos digan que son, así que tampoco sorprende.

Quizás pensó en su soberbia que si él, profesor de Harvard, no conoce al periodista republicano, no puede ser tan importante y nadie se dará cuenta si dice lo que le venga en gana. Si el consejero afirma que es de derechas, es de derechas y no hay más que hablar. Y si le hubiera convenido para su objetivo le habría hecho hasta socio del Barça. De eso no tengo duda. El problema es que Chaves Nogales no es una anécdota sino un personaje muy conocido, y por eso se les vio con más claridad el engaño con el que trabajan: dictar siempre la realidad. A su gusto.

La sensación que deja en el observador neutral es de perplejidad. La duda la siembra, está claro. Si es capaz de pisar un jardín tan fácilmente evitable con esa alevosía, a paso de sardana-punk, ¿qué será capaz de hacer con temas en los que no sea tan fácil discernir si es falso o verdadero su conocimiento?

Chaves Nogales suena a derechas, sigo dándole vueltas. Como el partido de Mas-Colell, por cierto, al menos hasta la semana pasada, cuando aún sonaban aunque fuera desafinado y no como hoy, que más que sonar en infinitivo parecen ya sólo el participio: sonados.

Javier Ancín, escritor.

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