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Una universidad diferente

Se inaugura en Madrid la Universidad Francisco Marroquín, una de las mejores instituciones del mundo para aprender economía clásica.

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Campus de Madrid de la Universidad Francisco Marroquín. | UFM

Recuerdo perfectamente quién fue la primera persona que me habló de la Universidad Francisco Marroquín (UFM): Carlos Alberto Montaner, un verdadero referente del liberalismo latinoamericano. Me hablaba de Manuel Ayau y de la universidad que había creado en Guatemala, mientras las balas de la guerrilla pro-cubana silbaban cerca. Debió hablarme de ella Montaner hacia 1990 ó 1991. Lo recuerdo porque no existía Internet -¡asómbrense!- y para mitigar mi incredulidad me fotocopió algunos de los folletos que bajo el título Tópicos de Actualidad edita el Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES), el think tank del que emanó la UFM.

Recuerdo aún mejor el mes noviembre de 2006, cuando por primera vez fui a la UFM. Yo acompañaba a José María Aznar, a quien la universidad le otorgó el título de Doctor Honoris Causa, dos años después de dejar la presidencia del gobierno español. Merece la pena ver el video que lo refleja.

Allí conocí a Manuel Ayau, a Giancarlo Ibárgüen, y pude ver la obra impresionante en la que se había convertido lo que al principio debió de parecer a todo el mundo poco más que la chaladura de un visionario. Nada de eso. Visión sí que hubo, pero locura ninguna. Lo que hubo fue claridad moral para diseñar una universidad en torno a una misión: la enseñanza y difusión de los principios éticos, jurídicos y económicos de una sociedad de personas libres y responsables. También hubo talento para apoyar sobre esa base una estructura académica moderna, al nivel de las mejores del mundo, para lograr que se produzca el milagro del aprendizaje de un buen médico, un buen administrador de empresas, un buen politólogo o un buen abogado.

Steven Pinker, en su muy recomendable libro En Defensa de la Ilustración (Ed. Paidós, 2018), se hace eco de un estudio sobre la izquierdización de las universidades americanas. El 60% de los profesores se declaran izquierdistas o progresistas, el 28% moderados o centristas, y un 12% liberales o conservadores. Si eso pasa en los Estados Unidos, en España no creo que las proporciones muestren un sesgo menos pronunciado, sino probablemente mayor.

Federico Jiménez Losantos hizo un discurso de calado en la inauguración de la UFM en Madrid. Dio la clave al decir que la batalla que siempre se debe dar es la batalla de las ideas, y que el lugar en el que se libra es el espacio de los medios de comunicación y la universidad, junto con la cultura.

Libertad Digital lleva 18 años dando esa batalla todos los días, cada vez con mayor número de lectores en España y en América. Ya hay una generación de gente que no concede ni un gramo de superioridad moral al socialismo, precisamente porque han leído o escuchado a Jiménez Losantos, o a los autores que forman el equipo de este periódico y de la radio.

Por eso es tan importante para los españoles el que la Universidad Francisco Marroquín haya empezado a funcionar como universidad extranjera en España, con sede en Madrid. La UFM tiene 47 años de trayectoria académica de alto nivel, reconocida por algunos como el mejor lugar del mundo para aprender economía clásica. Uno de los gurús más influyentes en el mundo tecnológico, George Gilder, dedica a la UFM un capítulo entero en su reciente libro Life After Google: The Fall of Big Data and the Rise of the Blockchain Economy (2018). El capítulo, fíjense bien, se titula A Global Insurrection.

Hay excelentes profesores en las universidades españolas, afortunadamente. Pero no es fácil encontrar una que enseñe las fuerzas que hacen funcionar el mercado libre, basado en preferencias individuales y en acuerdos voluntarios. No es habitual que los alumnos logren distinguir las profundas diferencias entre el capitalismo de libre competencia y el mercantilismo de los privilegios protegidos mediante licencias y barreras regulatorias. Es verdaderamente difícil encontrar un lugar en el que alumnos y profesores analicen el comportamiento de los seres humanos en la toma de decisiones públicas, dándose cuenta de que no son las instituciones quienes deciden, sino las personas que ocupan responsabilidades en ellas, cada cual con sus incentivos, sus motivaciones y sus ambiciones personales.

Ojalá la UFM en España permita ampliar la variedad y la excelencia de los estudios universitarios. Gabriel Calzada, su rector, lo decía en ese mismo acto inaugural, al contrastar la tendencia que se vive en muchos campus de universidades occidentales, cada vez más recelosos con la libertad de pensamiento y la libre expresión. El contacto con las ideas de la Libertad va a ser, no cabe duda, un muy saludable soplo de aire fresco en la enseñanza superior en España.

Javier Fernández-Lasquetty, vicerrector de la Universidad Francisco Marroquín.

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