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Hipótesis andaluza sobre Podemos

Una cosa está clara, si Podemos se desinfla como parece puede ser verdad que Errejón es el Arriola de Iglesias.

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Juan Carlos Monedero | EFE

Cuando se habló de la dependencia bolivariana de Podemos y de quién cobraba el dinero caribeño Pablo Iglesias soltó un acusatorio "yo no" muy similar a cuando Soraya Sáenz de Santamaría espetó aquel "yo, ¡en mi puta vida!" referido al cobro de sobresueldos, vulgo sobres. Cada día me convenzo más de que la vicepresidenta sí sabía que un micro grababa sus palabras. Pero el caso es que ambas negaciones confirmaban la existencia de crimen dentro de casa y a mí que me registren. ¿Está por eso uno más limpio que otro? Primero habría que creerse al que lo niega. Pero ya se sabe que el que pega primero pega dos veces.

Sobre la caída de Juan Carlos Monedero ahora dicen algunos que el ideólogo fetén se separó del ya castizo profesional, que el guardián de las esencias doctrinarias rompió con Pablo Superstar, que Galeano no veía Juego de Tronos. Pero no hay que lijar mucho para encontrarle a Monedero la veta capitalista tan asociada a su apellido y mucho menos para toparse con el trapicheo, el chiringuito, el chanchullo. Así que de pedigrí ideológico, nada de nada.

En cuanto a estrategia, quizá Íñigo Errejón sea el Arriola de Podemos –algunos análisis lo colocan a él junto a Carolina Bescansa como los artífices de su caída– y haya convencido a Iglesias de que una cosa son las tiendas de campaña urbanas y las asambleas con cartones y otra convencer al votante de que con eso se puede llegar a La Moncloa. Esto explicaría que aquel que consideró el himno nacional como "una cutre pachanga fachosa" diga ahora que hay que “asumir contradicciones” porque los “elementos identitarios son un lastre” y “si jugamos con los símbolos que interesan al enemigo no ganamos”. Son palabras del propio Iglesias, en entrevista con un atónito Julio Anguita que debió pensar para sus adentros que éste se cree Carrillo en la Transición. Y todo porque le apetecía hacer la gracieta "plebeya" de “saltarse el protocolo” –menudo riesgo– y regalar a Felipe VI unos DVD de Juego de Tronos. Vamos, ni las Femen con Putin, cuánto atrevimiento.

Una cosa está clara, si Podemos se desinfla como parece puede ser verdad que Errejón es el Arriola de Iglesias.

Pero todo lo anterior ya venía en el prospecto del remedio caribeño. La defenestración de Monedero me huele más a táctica inmediata, parecida al supuesto alejamiento sentimental con comunicado oficial entre el líder máximo y la reina de Rivas, entre Pablo y Tania. A los de IU había que atraerlos por convicción, no por traición.

¿No será entonces que los pactos andaluces han tenido algo que ver? Andalucía es, antes de la gran incógnita –y posible batacazo– del día 24 de mayo, la única oportunidad real de Podemos para tocar pelo. Si Susana Díaz ha hecho el paripé trilero con Chaves y Griñán para darle un buen carguito a Teresa Rodríguez, quizá haya conseguido también cobrarse una pieza bolchevique. En este supuesto, sería Susana la que estaría imponiendo una condición a Podemos. Por paradójico que parezca, es posible. Una repetición de las elecciones en Andalucía podría significar la desaparición de Podemos.

Y mientras, si los bolcheviques siguen empeñados en parecerse a la casta dejarían de ser necesarios, Ciudadanos, si no la pifia mucho más, puede seguir creciendo a costa del PP y al final el PSOE, no necesariamente con Pedro Sánchez, volvería a crecer con vistas a las elecciones generales porque sus votantes desencantados terminarán prefiriendo socialismo desgastado que comunismo desorientado.

La hipótesis es de corto recorrido y sabré si me equivoco la próxima semana. De momento, este mismo viernes, un día después del fusilamiento, Teresa Rodríguez ha resumido así de bien su sentir en la cadena SER: "Hay que tener un pie en las instituciones y otro en las calles". Y que sí, que le da mucha pena y que es bueno tener a Monedero ayudando desde fuera y que hay que combinar aquello del 15-M con la labor de gobierno tradicional… Así que para tener "un pie en las instituciones", el suyo, había que poner otro en la calle, el del camarada Juan Carlos.

Una semana más, un hecho relevante da un giro a la campaña electoral más importante de los últimos tiempos. La noria política sigue subiendo y bajando pero los aspirantes no quieren que se pare. A partir del lunes tendremos más emociones en forma de CIS y, casi seguro, algún nuevo sobresalto. Ya lo dijo Iglesias: Tic, tac.

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