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La Cumbre de los Tancredos

Lo que ha anunciado la Cumbre de los Tancredos es que habrá elecciones en pleno verano. Ya no hay posible coalición antipopulista, grande o pequeña.

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Rígidos, subidos en sus altillos como estatuas para que el toro no los advierta, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez coincidieron en una sala del Congreso de los Diputados a puerta cerrada para, según rumores, reunirse. El socialista, con las aletas nasales dilatadas y las mandíbulas prietas cual dogo argentino, hizo un tímido ademán de estrechar la mano a Rajoy, que ya se había sentado en el sillón como si se lo fueran a quitar. El presidente en funciones esquivó la mano con un grácil aleteo de codos para entallar la chaqueta abrochando el botoncito, gesto habitual de los políticos de ahora, que ya no tienen tripa y que no deja de ser un "aquí estoy yo", con esta planta y mis poderes. Esa es la foto, la imagen que quizá ambos querían ofrecer, sin mediar acuerdo, en este 12 de febrero sin espíritu, siquiera de cartón piedra como aquel.

Por lo demás, el uno no respondió porque el otro no preguntó, de esto no se habló porque para qué y de lo otro, menos porque ya estaba todo dicho. Así que, en veinte minutos, sacaron a relucir "el asunto británico" al que Rajoy dedicó varios minutos de su comparecencia ante la prensa, mucho más larga que la propia reunión.

Uno era el presidente del gobierno en funciones del "partido que ha ganado las elecciones" y el otro, el "mandatado por el Jefe del Estado" para formar gobierno. Y de esas peanas no se bajaron, impasibles ante el ridículo, elevando el mentón y ajustando sus taleguillas. Así se midieron entre ellos y así se mostraron ante la prensa, el presidente que ganó y el "mandatado" por el Rey, título que ya habrá grabado en sus tarjetas.

El Tancredo más votado y en funciones quiso mostrarse como consultor del aprendiz. "Me ha preguntado…", dijo varias veces. Y claro, al profundizar en "el asunto británico" era como si el mundo se detuviera y él, en su burbuja, volviera a ser el presidente a secas que habla de política internacional con su Sagasta para que España siga en la senda ejemplar como faro de Europa. Eran los últimos sorbos de poder antes de decir, una vez más, que no renuncia a la investidura y que "todavía hay tiempo". Pero Rajoy moría asfixiado en la cinturilla de su reloj de arena. Ni arriba ni abajo, en el mismo centro. Eloy Velasco, el Garzón del PP, togado y despechado, ya le ha dado con los tiempos en el hocico iluminando la calle Génova con el azul centelleante de los coches patrulla en la víspera de la reunión.

El Tancredo "mandatado" jugó mejor su baza ante la prensa, en la sala ordinaria –Rajoy siempre elige exclusividad espacio-temporal–, animando al PP a reconstruirse desde la oposición donde habrá de ser leal al nuevo gobierno de "las fuerzas del cambio" y disculpando al presidente, que se debió despistar "con alguna cámara y no vio que yo le tendía la mano". El que se cree líder ya ejerce la potestad del perdón. No hubo mala intención en aquel que dejará de ser presidente y que tendrá que ser retirado por los suyos si quieren volver a ser un partido, siempre en los escaños de la oposición, vino a decir el "mandatado" y piadoso Sánchez con habilidad. Sólo desde su nueva condición podía el socialista declarar que la reunión fue "útil" y que a Rajoy lo vio "preocupado por la corrupción". El partido de Filesa, Malesa y Time Export; el PSOE del GAL y los fondos reservados, de Ibercorp, la Expo, el AVE, la Cruz Roja, el BOE, Roldán, Juan Guerra… el socialismo de los ERE en Andalucía, de dimensiones inéditas en número de imputados y en millones distraídos, comprende muy bien que el PP ande inquieto por la septicemia que lo ha desahuciado por más que el equipo médico habitual lo mantenga vivo al borde del abismo. Nada se construyó más allá del muro de Valencia, aquel congreso que hoy les envenena.

Ha sido todo bochornoso. Insultante.

Pero lo que nos ha anunciado la Cumbre de los Tancredos es que habrá nuevas elecciones en pleno verano. Ya no hay posible coalición antipopulista, grande o pequeña, lo que excluye a Ciudadanos pese a los intentos. Es a Pablo Iglesias al que le toca ahora subir a su escabel y repetir a Sánchez que si quiere peces ahí tiene a su vicepresidente y a su ministro del Interior y al de Justicia y al plurinacional y al de Economía y el referéndum catalán y su Stasi y hasta su Lubianka. El camarada Iglesias quiere elecciones y va a por ellas.

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