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Javier Somalo

Quedan el de excepción y sitio

Vistas las maneras del Gobierno y los remilgos de buena parte de la oposición, todavía quedan dos posibilidades o intentonas más si la alarma se quedara corta: la excepción y el sitio.

Javier Somalo
Vistas las maneras del Gobierno y los remilgos de buena parte de la oposición, todavía quedan dos posibilidades o intentonas más si la alarma se quedara corta: la excepción y el sitio.
Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso | Moncloa

Al Rey de España se le dejó en casa el día de la entrega de los despachos judiciales porque no se podía ­­—dijeron— garantizar su seguridad en Barcelona. Pero el estado de alarma que merecía Cataluña se decreta para Madrid, contra el fallo de un Tribunal Superior, y aprovechando una visita de Sánchez y el Rey ¡a Barcelona! No cabe mayor afrenta pública a costa de un virus que se lleva vidas por delante, miles más de las que se confiesan. El Gobierno de la nación se rinde ante cuatro estelados pero se crece ante la capital de España que se resiste a ser tan comunista como ya quiere ser Pedro Sánchez. Si el Tinell decretado por la vía del BOE queda sin respuesta, se abre una peligrosa vía para la llegada masiva de abusos, sea por el coronavirus, por la Economía, por la Justicia o por la mismísima revolución de no se sabe qué.

Da igual que todo sea idea de Iván Redondo, del presidente o del mismísimo diablo. Lo que el viernes 9 de octubre ­­—mes aciago— del año 2020 ha quedado patente es la forma de actuar despótica, y ya peligrosamente desacomplejada —debería enterarse de eso el moderado Casado que sin moderación alguna echó a Cayetana—, del peor Gobierno sufrido en democracia en uno de los peores momentos posibles. Madrid no requería imposición alguna porque Madrid estaba dando claras señales de disminución epidémica aunque los éxitos o fracasos requieran siempre dos semanas de retraso —ventaja para el Gobierno— en el análisis. De ahí las prisas, la nocturnidad y la alevosía exhibidas por Sánchez en una faena más de matón de arrabal, como aquella de que quien manda en la Fiscalía es él y punto. No podía permitirse que Madrid mejorara, con aciertos y errores, sus cifras de lucha contra la pandemia por sí misma sino por la determinación de un Gobierno que estuvo de vacaciones desde enero de 2020 cuando ya todo el mundo sabía que se nos echaban encima las siete plagas.

El anuncio, filtrado al diario El País al filo de la medianoche del jueves, lleva la deslegitimada firma autoritaria de quien no es ni será capaz de gobernar España con los votos suficientes de antaño pero que consigue hacerlo vendiéndose al mejor, que es el peor, postor. Y tanta unidad y coalición han conseguido la completa desaparición del PSOE como partido, diluido en un frente formado por comunistas e independentistas que llevan muchos años esperando este momento. El Gobierno de Sánchez ya es un partido nuevo, un Anochecer Morado tan radical como su opuesto griego pero con galones de poder y papel timbrado a su nombre.

Un Gobierno socialcomunista capaz de montar mesas de diálogo con quienes proclamaron la República en Cataluña sin que les pasara nada —gravísimo incumplimiento de la Ley achacable a la etapa de Rajoy—, capaz de lamentar profundamente el suicidio de un etarra dedicándole un tiempo de discurso que hurta a los muertos de ETA, del 11-M o del maldito coronavirus, y que usa el monopolio del BOE y la amenaza para horadar al único gobierno regional que se le resiste históricamente en escaños y que, por las débiles alianzas y posibles traiciones de Ciudadanos, podría caer a sus pies.

Nos gobiernan tipos como el filósofo de alcantarilla metido a ministro que dice contra Ayuso: "La obligación de cualquier gobierno con alma es frenar al virus". Si los gobiernos tienen alma estamos apañados. Ya ni el alma le dejan a uno como cosa individual e intransferible. Acaban de nacionalizarla y, por supuesto, estandarizarla según los valores colectivos de la izquierda. El alma del filósofo diminutivo que sueña con ser molt honorable era lo último que nos faltaba por sufrir. En pena tendrá que estar por mentir sin rubor desde enero de 2020 haciendo posible que otras 50.000 almas, una distinta y preciosa por cada muerto, se vean obligadas a contemplar, ya sin remedio, su incompetencia y soberbia.

Nos gobierna una señora educada en un colegio privado de monjas, donde después ejerció de profesora y matriculó a sus hijas y que, llegada a ministra, carga contra ese tipo de enseñanza negando que los padres tengan un derecho a elegir. La misma señora que pide responsabilidad y reserva a los habitantes de Madrid en sus movimientos y diez minutos después —pero un poquito antes de que le den a la tecla en el BOE— se sube a un avión rumbo a la segunda o tercera residencia en Neguri o donde sea. ¿Que estaba indispuesta? Pues como muchos que además se tienen que quedar con los pasos contados, el bar cerrado y la compra justita.

Y nos gobierna una pareja aburguesada en el comunismo, que combina en gananciales incompetencia y maldad camino de los tribunales. No sé que hemos hecho para merecer tanta desgracia administrativa ante tamaña tragedia natural, si es que lo es.

Vistas las maneras del Gobierno y los remilgos de buena parte de la oposición, todavía quedan dos posibilidades o intentonas más si la alarma se quedara corta: la excepción y el sitio. Exageraré, pero no se pierdan en cuentas de mayorías o de requisitos formales porque no hacen falta. Sánchez, contagiado terminal de Iglesias, ya ha demostrado que no necesita amparo legal alguno porque aquí no se queja nadie de verdad.

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