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La Federal de Pedro Sánchez

Hablamos de olvidar el Estado español tal y como lo conocemos, en su totalidad, para dar satisfacción a los nacionalistas periféricos.

Jorge Vilches
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El PSOE de Pedro Sánchez ha propuesto una tercera vía, la federal, como camino intermedio entre el constitucionalismo de Rajoy –lo llama "inmovilismo"- y el independentismo de Mas. El problema no es que no se defina qué es federal, sino que no la concretan porque conocen la complejidad del procedimiento y del contenido. Por esto, el PSOE prefiere decir que la federación será el resultado del diálogo, que es lo mismo que no decir nada.

La federación, en su teoría y experiencia histórica desde la americana de 1787, tiene dos caminos. Puede ser "desde arriba", dirigida por los órganos centrales. Esto exigiría un consenso previo sobre la necesidad de sustituir un Estado autonómico - lo que Carl Schmitt llamaba "Estado federal sin fundamentos federativos"- por otro necesariamente federal. Contando con la ductilidad máxima de la ley, habría que celebrar Cortes constituyentes que dictasen cuáles son los territorios federados, su naturaleza y facultades. Esto supondría contar con el deseo previo de los nacionalistas de pertenecer a una federación española; es decir, seguir siendo España. El proyecto constitucional debería ser sometido a referéndum, y ganar en todos y cada uno de los territorios definidos en ese texto, que pueden o no coincidir con los actuales.

La otra vía es "desde abajo", en la que los gobiernos y parlamentos autonómicos –no hay otro poder territorial hoy- se declarasen Estado independiente tras celebrar una consulta popular, o no. Volvemos a contar con la ductilidad máxima de la ley. Luego habría una lluvia de referéndums libres; es decir, ¿cómo impedir un referéndum en Navarra para unirse al País Vasco, o de León para separarse de Castilla, o viceversa? Habría una reordenación más o menos espontánea del territorio español. Luego, por voluntad propia, los delegados de esos nuevos Estados deberían concurrir a una Asamblea donde se pusieran las bases de la federación. En este camino también cabe la posibilidad de que uno o varios Estados no quieran unirse a la federación española, pero sí entre ellos, o no, ya que serían soberanos.

Esta segunda vía es la que quieren los nacionalistas periféricos porque ofrece la posibilidad de ser independientes. Pensemos que los socialistas de Pedro Sánchez se refieren al primero, pero no está muy meditado. ¿Por qué? Sencillamente porque el principio federativo "desde arriba" requiere varias condiciones muy complejas.

Para empezar, la federación es un pacto entre iguales, no hay asimetría. De esta manera, no habría jerarquía de sujetos colectivos; es decir, como los nacionalistas no renunciarían a ser nación, todos los grupos que aspirasen a ser un Estado federado deberían ser considerados naciones, desde La Rioja a Murcia. Así, debería aplicarse el decimonónico "principio de las nacionalidades", que expuso en 1851 Pasquale Mancini: la conciencia nacional de una población sobre un territorio, con un pasado cultural común. El problema de este planteamiento es que la conciencia es un concepto subjetivo y temporal, el pasado cultural es común a todos, y el territorio precisa de un criterio defendible.

Porque, en esta vía, ¿qué criterio se seguiría para delimitar el territorio de cada Estado? ¿El del Estado de las Autonomías? No parece que sea el deseado. Normalmente los partidarios aluden a los "antiguos reinos", con una imprecisión muy medida, ya que la movilidad de los reinos peninsulares ha sido grande desde la entrada de los musulmanes en el 711.

¿Qué momento histórico tomamos? ¿Uno distinto para cada reivindicación? Sería un seguro motivo de confrontación. Veamos. Cataluña nunca fue reino, pero sí Aragón, que comprendía a Valencia y Baleares. Andalucía no fue al-Andalus y, claro, fueron 27 taifas en el siglo XI, cuatro reinos en el XIII, y solo Granada en el XIV hasta 1492. ¿Y Castilla? En el 1065 era un condado, en 1230 se unió con el reino de León bajo Fernando III el Santo y nació la Corona de Castilla. Si se toma el momento de la unión de los Reyes Católicos, en España solo habría cuatro territorios: Aragón (con Cataluña, Valencia y Baleares incluidas), Navarra, Granada y Castilla (que comprendía el resto del país, desde Finesterre y Asturias, a Murcia y Sevilla).

Quizá piensen en tomar la lengua como criterio. De esta forma, el territorio de un Estado sería aquel donde habitaran gentes cuya lengua principal sea la suya. Esto suena demasiado al irredentismo del fascismo italiano, y a los nazis con los Sudetes. Asistiríamos a una carrera de declaraciones autonómicas diciendo que lo suyo es una lengua diferenciada para preservar su territorio.

No cabe, por tanto, una mera reforma de la Constitución de 1978 para que España sea federal, como dice Pedro Sánchez, porque supone la reordenación completa, de arriba abajo, del orden jurídico, administrativo y territorial. Hablamos de olvidar el Estado español tal y como lo conocemos, en su totalidad, para dar satisfacción a unos nacionalistas periféricos que no quieren formar parte de España de ninguna de las maneras; ni con federación ni sin ella.

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