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La usurpación del saber por la consigna

En definitiva, no hay vientos favorables para quien no sabe adónde va. Es la eterna tragedia de España: la realidad usurpada por la consigna.

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En el campus FAES se acaba de descubrir el Mediterráneo: sus ponentes han sentenciado que la izquierda domina la educación y el imaginario cultural de esta nación descalabrada. Han tenido que pasar treinta y cinco años para que el supuesto pensamiento liberal e independiente se rasgue las vestiduras ante la evidencia de que a las últimas generaciones de españoles se les ha usurpado su educación y el saber académico por las ramplonas consignas salidas de la intelligentsia marxista y el nacionalismo de parque temático, ideologías totalitarias y reaccionarias.

A excepción de nombres tan preclaros como Julián Marías, quien ya tuvo la feliz idea de despachar el marxismo en dos párrafos en su obra Historia de la Filosofía (1941), el panorama intelectual español sigue dominado por las patrañas culturales de la izquierda y el nacionalismo, con grandes réditos para ambas castas, sin que la derecha, apoyada por una intelectualidad católica cuya tibieza se contradice con las valientes máximas de Escrivá de Balaguer, haga nada para defender los principios humanistas de nuestra próspera sociedad occidental. Sólo se ha limitado a ocupar el poder cuando las urnas le son favorables, pero la inefable progrez izquierdosa y los fanáticos nacionalistas han tomado el aparato educativo y administrativo del Estado juancarlista para modelarlo a sus intereses estatalistas e hipotecar definitivamente la libertad de los ciudadanos. Y ahora tenemos un macroestado descabezado en diecisiete estaditos donde impera el pensamiento progre, sectario y colectivista en todos sus estamentos: judicatura, educación, sanidad, medios de comunicación, etcétera.

Los ciudadanos de esta piel de toro pueden abandonar toda esperanza de que todas estas castas, sobrealimentadas y mantenidas con los abrasadores impuestos, hagan algo por devolver el protagonismo a la sociedad civil y reconstruir una nación en la que este tinglado administrativo inútil, corrupto, injusto e inservible, derivado del monopolio cultural de la izquierda y el nacionalismo, se diluya en la nada. El PSOE (patético) acaba de rubricar su sumisión al fanatismo nacionalista y la derecha rajoyesca está ensimismada en su populismo demoscópico, sin proyecto ni valentía para emprender la regeneración. (El PP ni caso hace del think tank FAES, aunque no deja de ser un pensamiento muy tutelado por la progrez prisaica).

En definitiva, no hay vientos favorables para quien no sabe adónde va. Es la eterna tragedia de España: la realidad usurpada por la consigna.

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