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Árabes gobernando en Latinoamérica

Tampoco se necesita ser descendiente de árabes para venderse a los yihadistas. Hugo Chávez es el ejemplo más claro de que cualquiera puede servirles de alcahuete.

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Cuando los estudiantes salieron a las calles de Caracas gritando ¡Libertad! en protesta contra el dictador venezolano que quería quedarse en el poder de por vida, fueron brutalmente reprimidos por las fuerzas del estado supervisadas por el viceministro de Relaciones Interiores y Justicia, Tarek El-Aissami, encargado de Seguridad Ciudadana, que fue también subdirector de Identificación y Extranjería.

El-Aisammi promovió la guerrilla urbana cuando era presidente del centro de estudiantes de la Universidad de Los Andes. De acuerdo a Phil Gunson, del Miami Herald, de las 1.122 personas que vivían en los dormitorios de la ULA sólo 387 eran estudiantes activos y más de 600 no guardaban relación alguna con la universidad. El-Aissami mantenía el control político de las residencias, donde se escondían vehículos robados y se trafica con drogas. Sus delincuenciales locatarios utilizaban pasamontañas para cometer fechorías en las calles. El padre de Tarek, Carlos, maneja la sucursal venezolana del partido iraquí Baath y su tío abuelo Shibli el-Aissami fue asistente del secretario general de esa organización política en Bagdad durante la dictadura de Saddam Hussein.

Antes de la invasión a Irak, Carlos El-Aissami dio una conferencia de prensa en la que se describió a sí mismo como un talibán y se refirió al asesino más buscado como "el gran muyahidín, Sheik Osama Bin Laden".

El teórico de Al-Qaeda, Mustafá Setmarian Nasar, vivió abiertamente en Venezuela mientras era requerido por la Interpol por ser considerado el autor intelectual del atentado a los trenes en Madrid. Tenía ciudadanía siria y española y era escoltado diariamente a la principal mezquita de Caracas por guardaespaldas del Gobierno fuertemente armados, que lo transportaban en Hummers negros.

El terrorismo árabe en América Latina tiene fuertes vínculos con algunas cúpulas gobernantes. Su dinero está comprando adeptos a su causa desde México a la Argentina. Inmigrantes islamistas sirios, libaneses y palestinos, que han estado llegando en la última década, están infiltrados en la economía, los negocios y la política, no trabajando de forma legal como miles de árabes que arribaron en otros tiempos y se integraron pacífica y productivamente al medio, sino creando extensas redes criminales.

La construcción con dinero saudí de la mezquita más ostentosa del Cono Sur no hubiese sido posible sin la colaboración de Carlos Menem, que regaló el terreno para su edificación, como si Buenos Aires fuese de su propiedad. Además dio luz verde al Gobierno iraní para cometer los más sangrientos actos terroristas en la historia argentina y sudamericana.

La lista de presidentes latinoamericanos de origen árabe de la última década es numerosa. Entre ellos se encuentran Abdalá Bucaram (de ascendencia libanesa) en Ecuador; Antonio Saca (de familia palestina) también en Ecuador; Jacobo Majluta, (libanés) en la República Dominicana; Jamil Mahuad otro presidente ecuatoriano-libanés; Carlos Menem en Argentina, de ascendencia siria; Said Musa primer ministro (palestino) de Belice; Edward Sega (libanés) primer ministro de Jamaica; Julio César Turbay (libanés) que fue presidente de Colombia; Carlos Flores Facusse (palestino) ex presidente de Honduras.

Con excepción de Menem, no se reveló si hubo nexos de los gobernantes mencionados con grupos terroristas, sin embargo sus relaciones con Israel fueron deteriorándose desde que tomaron el poder y sus vínculos con los países árabes cobraron fuerza.

La ascendencia de las personas no debe ser obstáculo ni motivo de cuestionamiento para ejercer cualquier función pública. Todos, sin excepción, tienen derecho a ejercer sus derechos ciudadanos y hacer política en libertad, en el país que los vio nacer o en el que eligieron para vivir. La mayoría de los latinoamericanos somos descendientes de inmigrantes. El asunto está en identificar si los que llegan al poder están obrando patrióticamente o si están favoreciendo la infiltración terrorista para someter a Latinoamérica al fundamentalismo islamista.

Tampoco se necesita ser descendiente de árabes para venderse a los yihadistas. Hugo Chávez es el ejemplo más claro de que cualquiera puede servirles de alcahuete. Los árabes cristianos se encuentran en la misma vulnerable situación que todo aquél que no es musulmán. Entre los que han sufrido con mayor agresividad los embates del fascismo islámico en sus países de origen, y se vieron forzados a emigrar, se encuentran los árabes cristianos y judíos. Algunos de los más activos y valientes oponentes a los fascistas musulmanes son precisamente los árabes cristianos, a quienes se debe saber diferenciar debidamente de los fanáticos.


© AIPE

José Brechner es un periodista y ex diputado boliviano.

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