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El oso dejó de hibernar

Chávez tiene peso sobre la raquítica América Latina. Sus colaboradores gobiernan Brasil, Argentina, Ecuador, Paraguay, Nicaragua y Bolivia. Es en esta última que puede haber una secesión de los departamentos (provincias) orientales.

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La invasión de Georgia es tal vez el último intento ruso de mantener la supremacía sobre sus ex dominados que anhelan más democracia y modernidad. O es el primer ensayo de retorno al poder hegemónico en la Europa del Siglo XXI y el retorno a la Guerra Fría. En cualquiera de los casos, el objetivo es el mismo.

Vladimir Ras-Putin fue de la KGB a la presidencia de Rusia, y como no puede desprenderse del delicioso instrumento del poder, puso a un dócil Dmitry Medvedev en su lugar. Así como Boris Yeltsin le regaló el puesto, él hizo lo mismo con su sucesor, continuando con la tradición imperial que desde la época zarista se mantiene en Rusia.

Definir quién tiene la razón en el violento conflicto bélico del Cáucaso es, para decir lo menos, motivo de discusión y de confusión. Por un lado está Osetia del Sur, que se declaró república independiente en 1989, sin reconocimiento internacional ni de Georgia. Se autodefine como étnicamente rusa y está políticamente sustentada por Moscú, aunque aproximadamente el 40% de su población es georgiana. Por otro lado está Georgia, que supone ser dueña de Osetia desde 1922, cuando Stalin decidió que constituyera parte de ese Estado. Hoy, el presidente de Georgia, Mikheil Saakashvili, se esfuerza por integrarla a su democracia y no acepta su separación. El añejo concepto militar soviético de que se pueden perder vidas, pero no territorios, pues estos son irreemplazables, está detrás del pensamiento de Putin y de Saakashvili.

Si los osetos fuesen los únicos habitantes de la ex Unión Soviética con población rusa entre sus compatriotas, el problema no dejaría de ser un hecho aislado. Pero el mismo conflicto étnico, aunque sin explosión, se vive en Estonia, Lituania, Ucrania y otras repúblicas que se independizaron de Moscú. Los rusos están por todas partes y deberían adaptarse al medio en el que viven o retornar a la madre patria. Pero como tienen un padre poderoso que no tiene miramientos en apoyarlos, utilizarlos e invadir cualquier Estado contiguo, con la certeza de que nadie puede combatir contra él, la situación se torna escalofriante.

Rusia no sólo es la segunda potencia militar del mundo, sino que ahora se convirtió en el segundo productor de petróleo del planeta después de Arabia Saudí. Tiene armas, soldados y dinero. Cuando no tenía dinero y asistía de oyente a las reuniones del G8, era un manso corderito que asentía sin chistar a las decisiones de los grandes. Ahora las cartas cambiaron de mano, se está volviendo rica y su poderío militar-nuclear no tiene más rival que los Estados Unidos.

En un escenario más cercano, Latinoamérica está sufriendo dramáticos cambios políticos bajo la batuta y el dinero del Stalin bananero, que quiere hacer del subcontinente una copia de la ex Unión Soviética. El ridículo venezolano ya le dio su apoyo a Putin, que viene a ser como si un niño de tres años soporta al campeón de levantamiento de pesas en las Olimpiadas. Más allá de la jocosidad que causa internacionalmente, Chávez tiene peso sobre la raquítica América Latina. Sus colaboradores gobiernan Brasil, Argentina, Ecuador, Paraguay, Nicaragua y Bolivia. Es en esta última que puede haber una secesión de los departamentos (provincias) orientales que conforman la Media Luna boliviana y comprende la mitad del país. Sus habitantes son en su mayoría "cambas", descendientes de criollos. Sin embargo, con el auge económico que benefició a esa región, cientos de miles de "collas", descendientes de indígenas quechuas y aimaras, se mudaron a sus ciudades.

La situación en Bolivia es candente y podría derivar en una separación política, física y étnica de La Paz. ¿Cuál será la posición de Brasil y Argentina, que son los países colindantes con las regiones autonomistas, si hay un desprendimiento? ¿Y cuál será la actitud que tomen los mediolunenses étnicos? Lula tiene una cara moderada cuando se trata del Brasil, pero sigue siendo el mismo sindicalista extremista en relación al Cono Sur. Dijo, más de una vez, que Venezuela nunca tuvo mejor presidente que Chávez. La Kirchner depende y obedece al venezolano, a quien le debe más de un vestidito, y Chávez no va a permitir que su peón boliviano, Evo Morales, se quede sin la región más rica del país y él pierda control sobre el corazón de Sudamérica.

 Si Venezuela, Brasil y Argentina van a defender a Morales, el único que puede salvar a la Media Luna de una masacre es Estados Unidos, pero tiene ingredientes mucho más importantes para cocinar en su olla como para involucrarse en un conflicto regional en el sur, y no le conviene pelearse ni con Brasil ni con Argentina.

© AIPE

José Brechner es un periodista y ex diputado boliviano.

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