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José García Domínguez

La carta de los cien

En plena dictadura se remitían cartas de queja a Franco compuestas con mucho menos miedo escénico, pavorosa prudencia y acongojadas cataplasmas formales. Cartas que, por cierto, no se enviaban por correo certificado a los Reyes Magos, sino al interesado

José García Domínguez
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No sé si por el vago eco regeneracionista del título o porque no tenía nada mejor que hacer, ayer, se me ocurrió entrarle a Transforma España, ese celebrado documento de los empresarios de postín que tanto revuelo ha venido a causar en el gallinero; sobre todo, entre quienes ni lo han leído ni hay el menor riesgo de que vayan a hacerlo; o sea, entre la mayoría vociferante. Así, pues, fue como di en descubrir que la flor y nata del capitalismo patrio predica sesudas sentencias del siguiente cariz: "Hay que ‘desideologizar’ la política. Todos somos ecologistas, pacifistas y demócratas". Es decir, que andamos entre Gonzalo Fernández de la Mora, Mahatma Gandhi e Imma Mayol, la dona pijiprogre y antisistema del Joan Saura. Bueno es saberlo. Aunque empiezo a sospechar que el mismo que se llevó su queso también debió birlarles el sentido del ridículo a esos cien caballeros.

Obviemos, por lo demás, las reiteradas apelaciones a la "sostenibilidad sostenible" que proliferan en el escrito, ya que, según se infiere, los abajo firmantes parecen ser abiertamente refractarios al principio filosófico de la sostenibilidad insostenible. Vayamos, entonces, al fondo del asunto. Ergo, a la nada. Porque nada se dice ahí, salvo abundar en la retahíla de lugares comunes propia de los masters por correspondencia que anuncian en los andenes del Metro. Y es que, lejos de cuanto predican sus promotores, lo único que certifica el papel de marras es que la sociedad civil, simplemente, no existe. Si fuese cosa distinta de otra inane convención retórica, no les hubiera temblado tanto el pulso antes de acometer semejante parto de los montes.

Al cabo, en plena dictadura se remitían cartas de queja al general Franco compuestas con mucho menos miedo escénico, pavorosa prudencia y acongojadas cataplasmas formales. Cartas que, por cierto, no se enviaban por correo certificado a los Reyes Magos, sino al interesado. No obstante, procede conceder que a aquéllas les fallaba el punto humorístico. No como a otra misiva reciente, la rubricada por el directivo aeronáutico Josep Piqué junto a muy ilustres suscriptores de Transforma España, exigiendo al PP que retirase el recurso contra el Estatut, ése que, casualidades de la vida, él mismo promoviera ante el Tribunal Constitucional en su día. Cosas de la sociedad civil.

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