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La ‘guerra’ de España contra Cataluña

España constituye una unidad de destino en lo universal cuya única razón de ser consiste en oprimir a los pobres catalanes.

José García Domínguez
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España constituye una unidad de destino en lo universal cuya única razón de ser consiste en oprimir a los pobres catalanes. Resumido en una frase, he ahí el contenido del simposio "España contra Cataluña: una mirada histórica (1714-2014)", dirigido por el antiguo portavoz del PSC, Jaume Sobrequés, y organizado por el Centro de Historia Contemporánea de Cataluña, órgano de agitación y propaganda identitaria dependiente de la Presidencia de la Generalitat. Así, a decir del programa elaborado por los funcionarios de ese ente administrativo,

los diversos ponentes analizarán las condiciones de opresión nacional que ha padecido el pueblo catalán a lo largo de estos siglos, las cuales no han impedido su pleno desarrollo político, social, cultural y económico.

Asunto que acaso despierte alguna perplejidad entre los no advertidos. Pues la pregunta se antoja bien sencilla. ¿Y por qué no lo habrán impedido? ¿Qué clase de opresores nacionales son esos castellanos que, tras trescientos años de hórrida invasión, no han sido capaces de obstruir el "pleno desarrollo" de los aborígenes? Extraños explotadores aquellos murcianos y gallegos que llegaban a Barcelona hacinados en vagones de tercera con sus maletas de cartón para trabajar de sol a sol en las fábricas de los humillados y sojuzgados empresarios locales. Singulares colonos imperialistas los inmigrantes que arribaron de Andalucía para tomar posesión de alguna chabola infecta en las faldas del Tibidabo o de Montjuic.

Curiosos expoliadores de Cataluña los diputados de la Restauración que forzaron a todos los españoles a llevar calzoncillos made in Tarrasa o Manresa solo por dar gusto al patricio Cambó, el del arancel célebre. ¿En que otra invasión se habrá visto que los invadidos dicten hasta cuál ha de ser la ropa interior de los invasores? El avance de la civilización, es sabido, no sigue una línea recta. A veces, sin saber muy bien cómo, sufre retrocesos. Ocurrió en la Alta Edad Media, cuando el edificio milenario de la razón y el pensamiento se vino súbitamente abajo. E igual sucede en la Cataluña contemporánea. La labor de Vicens Vives, de John Elliott, de los grandes historiadores que trataron de liberarla de las brumas del resentimiento mitológico, ha sido destruida por el nacionalismo. Y por completo. Las hordas bárbaras han vuelto a tomar Roma.

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