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José García Domínguez

La memoria histórica de ETA

95 de cada 100 asesinatos cometidos por ETA acontecieron con el cadáver del general Franco enterrado bajo una losa de mármol de 2.000 kilos

95 de cada 100 asesinatos cometidos por ETA acontecieron con el cadáver del general Franco enterrado bajo una losa de mármol de 2.000 kilos
La matanza en la casa cuartel de Zaragoza (11 muertos) en 1987. | Archivo

Entre el 20 de noviembre de 1975, fecha del traspaso del general Francisco Franco, y 1968, el año de su fundación, ETA había matado a un total de 43 personas, apenas el 5% de los crímenes que se le atribuyen a lo largo de toda su historia. Dicho de otro modo, 95 de cada 100 asesinatos cometidos por los comandos de ETA acontecieron con el cadáver del general Franco enterrado bajo una losa de mármol de 2.000 kilos. 95 de cada 100. Ese simple dato numérico es un porcentaje que debe estar presente siempre que salga a colación, como ahora mismo ocurre con ese borrador pactado con Bildu, el muy recurrido argumento atenuante de la violencia nacionalista vasca que trata de establecer la falsa identidad entre ETA y antifranquismo.

Porque eso simplemente no es cierto. Bien al contrario, ETA mató, ante todo y sobre todo, en democracia y contra la democracia. Así, en 1977, justo después de celebrarse las primeras elecciones libres, 1.232 miembros de ETA que cumplían condena en las cárceles fueron amnistiados y puestos acto seguido en libertad; de aquellos 1.232 excarcelados, aproximadamente la mitad, 678, se reincorporaron de nuevo a la organización, lo que hizo posible el súbito crecimiento exponencial de los atentados mortales acontecido ya con el orden institucional propio de la dictadura por completo desmantelado. Así, a lo largo de los seis años siguientes, esto es entre 1977 y 1983, ETA cometió 1.300 atentados, uno cada 48 horas. Con Franco, como se ha dicho, ya en los libros de historia.

Pero el mito sigue ahí porque necesitan que siga ahí. Y necesitan que siga ahí porque constituye la gran coartada intelectual que, a sus ojos, los del nacionalismos vasco asilvestrado y los de sus compañeros de viaje en el resto del país, provee de legitimidad de origen al discurso de las pistolas y las ametralladoras durante más de tres décadas.Pero, contra lo que pretenden sus maquilladores póstumos, la violencia tribal de ETA no fue un subproducto espurio del franquismo, sino de la Transición. 95 de cada 100.

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