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José García Domínguez

Largo Caballero no era de Vox

Nadie llamó en su día fascista a Largo Caballero tras lograr con su decisión que los empresarios no pudieran forzar la bajada los salarios.

José García Domínguez
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Nadie llamó en su día fascista a Largo Caballero tras lograr con su decisión que los empresarios no pudieran forzar la bajada los salarios.
Francisco Largo Caballero. | Cordon Press

Yo no sé cuántos militantes del PSOE de ahora tendrán conocimiento de cuál fue una de las decisiones políticas más eficaces, amén de aplaudidas por la clase obrera del momento, que adoptó Largo Caballero desde su cargo como flamante ministro de Trabajo del primer gobierno de la República. Pero como tiendo a sospechar que deben de ser pocos, voy a dar noticia de ella aquí. Porque resulta que la medida más celebrada del secretario general de la UGT desde su sillón en el Consejo de Ministros fue una aparecida en la Gaceta de Madrid, el antecesor histórico del BOE, tan pronto como el 30 de abril de 1931.

En aquel llamado Decreto de Términos Municipales el por entonces líder del socialismo español estableció la prohibición legal de que se pudiesen contratar para las labores agrícolas a trabajadores temporeros que procedieran de municipios distintos al de la localidad específica donde tuviese que desempeñarse la labor. Una medida que, en caso de haber sido propuesta hoy por cualquier dirigente del PSOE, habría provocado su inmediata expulsión del partido y de la UGT con el argumento de tratarse de algo propio de la extrema derecha.

Sin embargo, nadie llamó en su día fascista a Largo Caballero tras lograr con su decisión que los empresarios no pudieran forzar la bajada los salarios de los jornaleros andaluces al impedir que aumentaran la oferta de brazos baratos disponibles en el mercado por la vía de desplazar hasta sus fincas a trabajadores de Galicia y Portugal. Al contrario, uno de los incentivos programáticos que llevó a los jornaleros andaluces a votar de modo masivo al Frente Popular en las elecciones de 1936 fue el compromiso de todos los partidos de izquierda de instaurar de nuevo aquella barrera legal contra la inmigración. Algo que, salvadas las perceptivas diferencias entre las dos épocas, solo les prometería hoy Vox.

Por cierto, al mando de Largo Caballero, los grandes sindicatos norteamericanos hicieron lo propio durante todo el siglo XX, oponerse a la inmigración no cualificada que degrada por norma los ingresos de los nacionales más precarios. Y aún hay quien se extraña de que en Vallecas empiece a cuajar Vox.

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