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Juan Morote

En defensa de la identidad

Frente a la vaciedad intelectual de Petit, y sus secuaces Zapatero u Obama, en Sharansky encontrarán muy serios argumentos para poner en entredicho muchos de los hueros clichés de la progresía patria y foránea.

Juan Morote
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Si algo caracteriza a la mayoría de las librerías que sobreviven en España es su propensión a eliminar de los anaqueles más vistosos cualquier libro que valga la pena. En las estanterías de los escaparates aparecen cientos de libros de autoayuda, novelas delirantes, folletines más o menos horteras... y poco más.

En las librerías al uso de los Estados Unidos también repletas de manuales de autoanálisis y similares, aunque afortunadamente, la conformación de las vitrinas no es igual. Así, cuando el lector se asoma a cualquier sucursal de, por ejemplo, Barnes & Noble, de un simple vistazo puede hallar una verdadera obra de arte: el último libro de Natan Sharansky. Este político judío de origen ucraniano que estuvo preso en un gulag, disfrutando las hieles del averno socialista, acaba de publicar un libro que parece dirigido a la progresía europea, tanto de izquierdas como de derechas.

El texto que recientemente ha salido a la luz se titula Defending Identity. Its indispensable role in protecting democracy, es decir, la defensa de la identidad y su rol insustituible como protectora de la democracia. Para el autor, la identidad es el gran aliado de la libertad en la lucha contra la tiranía, fundamentalmente la que representa el integrismo islámico. Afirma que no todas las culturas son buenas, que no todas las formas de ver la realidad y la sociedad son igualmente válidas, y que los sistemas de valores son susceptibles de ser ordenados de mejor a peor.

Parte del hecho de que la voluntad de los fundamentalistas es fuerte porque su identidad es fuerte y, precisamente por este mismo motivo, nos señala la peligrosidad y fortaleza del enemigo a que nos enfrentamos. En cambio, Occidente está perdiendo, desde hace demasiados años, la fe en sus propias señas de identidad, en los valores que le posibilitaron la aparición y consolidación de las democracias liberales.

Por esta razón, Sharansky cuestiona la asignación de fondos públicos para el fomento de culturas que persiguen la destrucción de la civilización occidental, tal y como la conocemos –por ejemplo, la construcción de mezquitas–, o las distintas subvenciones a las que tiene acceso cualquier grupo antisistema, incluidos los terroristas.

Especial interés suscita para el lector español adentrarse en el capítulo dedicado a la defensa del Estado-Nación; labor de la que hizo dejación el Gobierno español hace años, y a la que parece sumarse la oposición, presa de un ataque de practicidad claramente erróneo. Deberían leer el ensayo de Sharansky no sólo los socialistas de cualquier clase y condición, sino también los populares que se han sumado a la centrifugación de España cuando han perdido la unidad de discurso, que se me antoja harto complicado de recuperar.

Quizá muchos lectores conocieron a Natan Sharansky a través de la entrevista que se le realizó en este mismo periódico con motivo de la publicación de su penúltimo libro, The Case for Democracy. Permítanme que les invite a adentrarse en su pensamiento con la lectura del último. Frente a la vaciedad intelectual de Petit, y sus secuaces Zapatero u Obama, en Sharansky encontrarán muy serios argumentos para poner en entredicho muchos de los hueros clichés de la progresía patria y foránea.

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