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Mariano Jekyll & Rajoy Hide

En los pasillos del Congreso, cayó como una bomba la abdicación ese mismo día de la reina Beatriz de Holanda en su hijo Guillermo.

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Mi muy querido Pablo:

Como cada lunes, la semana comenzó con polémica, aunque entonces, centrada más en los entresijos del caso Urdangarín y su ex tesorero, García Revenga, secretario personal de las infantas. En los pasillos del Congreso, cayó como una bomba la abdicación ese mismo día de la reina Beatriz de Holanda en su hijo Guillermo, y el debate sobre el traspaso del trono o la transición a una república ya había explotado. "En tiempos de tribulación, mejor no hacer mudanza", decían, entre pitillo y pitillo, diputados de PP y PSOE. Y yo añado que mejor no hacerla nunca, pues enfrascada en la mía personal –hasta el moño de hacer cajas-, os pongo a vosotros de testigos que ‘jamás volveré a pasar dolor de espalda’.

Sin embargo, la gloria mediática del tesorero Revenga cedió el trono a quien realmente se lo merece: otro ‘ex’ de los dineros, en este caso, del PP. El intento de Luis Bárcenas por ser protagonista y materializar su chantaje ha quedado patente esta semana en todas las informaciones en las que dicen pero no dicen y después de desmienten por su parte tras dejar caer que Rajoy recibió lo suyo.

"La bomba se ha activado" solemnizó un folklórico Cayo Lara que no dudó en solicitar elecciones anticipadas. Se pasó tres o cuatro pueblos pero, la verdad, se esperaba de él en un día en el que el Congreso no daba crédito a las informaciones. Un ‘tsunami’ ante el que todos, incluidos los míos, esperan aún más; aumentan la expectación y las elucubraciones sobre quién cobra, a quién pillarán y dónde empiezan y acaban la cuentas a mano de Bárcenas. "Cárgalo a la de Luis, que tiene de sobra", es ya la broma generalizada en la cafetería de la tercera planta de la Cámara, donde nada gusta más que un buen incendio monopolice todas las conversaciones.

Como supondrás, los míos, encantados. Porque una vez no son ellos quienes deben huir de las cámaras para dar explicaciones; porque la polémica de Amy Martin ha quedado eclipsada; y porque todos los grupos piden ya una "aclaración urgente" de Mariano Rajoy en un Parlamento donde, en breve, se celebrará el debate más importante del año: el Debate del estado de la Nación. Te puedo asegurar que, sin estar presente, Bárcenas será el protagonista.

Y es ahí donde quiero llegar, a las explicaciones de Mariano Rajoy. Ha tardado semanas en abrir la boca; ha evadido las explicaciones parlamentarias; le han superado los acontecimientos... y cuando por fin habla, lo hace como siempre para el PP y no para todos los españoles a quienes gobierna. No le faltó razón a Rubalcaba cuando pidió una aclaración inmediata de Mariano Rajoy habida cuenta de que "el presidente está bajo sospecha"; de que "no sólo está en juego el buen nombre del PP sino el buen nombre del Gobierno de España". A más a más cuando es el jefe de un Ejecutivo que ha amnistiado al señor Bárcenas (aunque el título le quede grande), 11 millones de los 22 que tenía en Suiza.

Comprenderás, querido Pablo, que en este caso, hasta yo –que soy una gran defensora de la diferenciación entre la labor del Gobierno y del partido que le sustenta, no vale decir que "una cosa es el PP y otra el Gobierno". Porque precisamente la condición de jefe del Ejecutivo de España es la que motiva la presencia de Don Mariano Rajoy Brey en todas las portadas internacionales. Su hábito de hablar para los suyos, en la sede del PP, y no en la Moncloa, puede entenderse como un pseudo-trastorno político de desdoblamiento de la personalidad; porque sus dos identidades no pueden disociarse en un supuesto caso de corrupción. No vale la personalidad múltiple porque el coste de la duda es demasiado grande y la tan temida confianza de España está en juego. Es por ello, que como cuentas, los barones del PP creen que esto "se nos va de las manos". Porque como dicen los míos "ya se les ha ido de las manos" y está en manos del presidente encauzarlo.

Por ello, no me dejaré llevar por mis percepciones personales; por mi creencia de que Rajoy es honorable, ni por la constatación de la más que evidente prueba malévola que aquí subyace. Ni tampoco te preocupes porque vaya con la historia a Rubalcaba. Es algo que evito, como poner la mano en el fuego por ningún político, para evitar que mi implicación y sus lágrimas me confundan, pues a la vista está que las percepciones personales pueden ser erróneas. "Nadie podrá probar que Bárcenas no es inocente" dijo el presidente, no sé si el del PP o el del Gobierno; no sé si Mariano Jekyll o Rajoy Hyde.

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