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CONTRA EL PENSAMIENTO ÚNICO

Diccionario políticamente incorrecto

Supuestamente existe algo así como un orden neoliberal, también calificado de capitalismo salvaje, donde la gente se muere de hambre y los ricos se vuelven tremendamente ricos. A causa de tantas injusticias existen la miseria, el crimen, el terrorismo y el racismo. Por eso hay que hacer algo, el Estado debe cambiar la sociedad, hacer que los ricos paguen más impuestos y que las empresas asuman su “responsabilidad corporativa”. Resumiendo mucho, éstas serían las ideas clave del pensamiento de izquierdas.

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Lo que vemos, leemos y escuchamos en la televisión, los periódicos y la radio se compone básicamente de lugares comunes del movimiento izquierdista o políticamente correcto. Este conjunto de ideas componen una suerte de axiomas consensuados. Nadie puede criticar las grandes verdades porque será arrojado a la hoguera.
 
Lo políticamente correcto es hoy un policía que todo lo cubre y ante el cual apenas existe una oposición eficaz.
 
Sin embargo, de cuando en cuando aparece un pensador, un libro o un artículo que despierta la esperanza de que este reinado de la simplificación y la mentira sean derrocados.
 
Carlos Rodríguez Braun ha escrito un manual, qué digo, un manifiesto en contra del pensamiento único de izquierdas. Cada entrada del diccionario comprime muchas lecturas (especialmente se perciben las sanas influencias de Adam Smith, Hayek o Anthony de Jasay), sabias reflexiones, y sobre todo aflora un aguijón socrático que pone en tela de juicio conceptos sagrados como el Estado del Bienestar, al que define como “bienestar del estado”, o la doctrina de la igualdad de oportunidades, que describe como “igualdad de resultados”.
 
Para el profesor Rodríguez Braun, actualmente vivimos en una época de relativismo, donde se ensalza la excepción cultural y acaba aceptándose que en otros países reinen las tiranías, donde se pasa de asumir que ganar dinero es pecado a defender la confiscación de la renta; de defender el diálogo como la única vía para luchar contra los terroristas a oponerse a la ilegalización de sus partidos pantalla. Entretanto, se comete la mayor degradación de la lógica: equiparar a un terrorista con un presidente del un gobierno democrático, como cuando se iguala a Bush y a Ben Laden.
 
Todo en la izquierda llama al argumento ad hominem. Los que no pertenecen a su grupo de elegidos no son demócratas. En este sentido, el autor aclara que cuando se tilda a un no-izquierdista de facha se está autorretratando el progresista, ya que el fascismo es claramente un movimiento socialista que busca que el Estado ocupe todas las esferas de la vida y que la propiedad sea una concesión del Estado. En definitiva, lo que hoy soportamos: el Estado del Bienestar.
 
De hecho, tanto un fascista como un socialdemócrata sostendrán que los derechos individuales implican, como describe Rodríguez Braun, “la violación de libertades y derechos de terceros”. Así, ambos alegarán que el derecho a la vivienda es “el derecho a poseer una vivienda y a no pagarla, un derecho que exige a alguna otra persona que nos la pague”. En el fondo, tanto uno como otro consideran que el individuo debe todo a la sociedad. Como la única “familia” a la que pertenece, según la izquierda, es la “sociedad”, hay que acabar con el “hombre viejo” para crear a un “hombre nuevo” que quede anulado como individuo. Las personas no pueden buscar sus intereses, sino los de la sociedad; intereses cuya definición y delimitación corren siempre a cargo del Estado. En consecuencia, los derechos individuales pasan a ser una especie de privilegio concedido por el Estado, supeditado a sus objetivos y siempre a merced del bien común.
 
Las ideas tienen consecuencias, por lo que si se adopta el colectivismo como filosofía política el hombre carecerá de derechos reales para poder llevar a cabo sus proyectos –dado que su propiedad no será enteramente suya sino de la “sociedad”–, tendrá que trabajar la mitad del año para pagar los impuestos llamados “progresivos” (confiscatorios) y educar a sus hijos en las lecciones progresistas que el Estado imponga.
 
Carlos Rodríguez Braun.De estas ideas se deriva que el izquierdista lo que pretende es subyugar el individuo al Estado, máximo representante del bien común. A tal fin se dedicarán los esfuerzos precisos, tratando de eliminar cualquier institución que pueda frenar la deriva estatalista. El ejemplo más claro es la familia. ¿Por qué tacha la izquierda de “aberración” aquella familia compuesta de una pareja heterosexual y elogia la formada por dos homosexuales? Sin duda, porque la familia es un freno al Estado. Como comenta el autor, no es de extrañar que éste sea el motivo por el que se califique a la familia de “horror represivo”, mientras que la familia monoparental es un ejemplo del “ideal progresista”.
 
Otra de las cuestiones más interesantes y controvertidas del libro es el problema del Tercer Mundo. De acuerdo con la izquierda, el Tercer Mundo vive sumido en la pobreza porque el Primer Mundo lo explota. Rodríguez Braun, discrepando de esta tesis pseudomarxista, aclara que de nada sirve dedicar el 0,7% del PIB de cada país a la erradicación de la pobreza del Tercer Mundo, ya que la única solución viable y realista pasa por ir adoptando el capitalismo como sistema económico.
 
Adicionalmente, sería preciso que los países occidentales procedieran a eliminar sus aranceles sobre los productos de los países menos desarrollados. Por otro lado, estas ayudas que la izquierda reclama suponen, como acertadamente apunta el autor, un trasvase de fondos de los pobres de los países ricos a los ricos de los países pobres, con lo cual, mientras las cuentas de los gobernantes de los países subdesarrollados se incrementan (véanse los recientes casos de Arafat o Sadam Husein), los ciudadanos se empobrecen aún más.
 
Habiendo comentado únicamente algunas ideas de esta obra nos podemos hacer una somera idea de la inquina que los santones de la progresía le profesarán a Carlos Rodríguez Braun. No es de extrañar, ya que el autor ha discutido y refutado todas y cada una de sus “verdades”. Ha identificado socialismo con robo, intervención estatal con equivocación permanente y socialismo con infierno, a la par que ha defendido que los Estados Unidos no son los hijos de Satanás sino una democracia envidiable y una sociedad con un amor a la libertad superior a la europea, o que el capitalismo mejora la vida de todos.
 
Sin duda, estamos ante un gran libro que, aparte de esclarecedor, resulta implacable e irónico con los enemigos de la sociedad abierta.
 
 
Carlos Rodríguez Braun, Diccionario políticamente incorrecto, Madrid, LID Editorial Empresarial, 2004, 159 páginas.
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