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FIGURAS DE PAPEL

El arte de contar

Las letras norteamericana han sido, y siguen siendo, una cantera sin fondo. Siempre hay una nueva voz original y poderosa, un narrador más –entre los maestros de éxito rutilante, sus discípulos de refinado estilo, sin contar las personalidades canónicas–, que surge ofreciéndonos un estilo enteramente personal, basado en nuevas audacias en la experimentación y la fantasía.

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Tobias Wolff, profesor en Stanford y asiduo colaborador de The New Yorker, autor de novelas (como la soberbia Vieja escuela) y de varias 'nouvelles', es un escritor con aquellas cualidades. Un nuevo maestro de la narrativa americana. Ahora he dado fin a su última colección de cuentos: Cazadores en la nieve.
 
Contar un cuento, contar una novela, es traicionarlos, decía, con razón Borges. En consecuencia, diría que Tobias Wolff, en estas historias, se ocupa de ahondar en las tareas cotidianas de los hombres comunes, y ahondando en ello se ha convertido en un narrador con un sabio dominio del conjunto y capaz de crear, en pocas líneas, personajes singulares y profundos momentos conmovedores.
 
En la consecución de esas tareas sencillas, que en estos cuentos se ejemplifican, por ejemplo, en un fin de semana de cacería de ciervos, en la preocupación de una madre por las tragedias que narra su hijo y, en fin, en la rutina con la cual un matrimonio toma un crucero para celebrar sus bodas de oro, revela la esencia de sus criaturas. Y así, este autor que demanda la atención del lector desde la frase inicial nos ofrece una visión profunda de esas modestas ambiciones que guían a los seres humanos; y nos sorprende, porque esos pequeños deseos, asombrosamente, logran ser más poderosos que la amistad, el amor y hasta la propia vida de cada uno de ellos.
 
Una mesa redonda, a la que asisten profesores universitarios, sobre la obra de Samuel Johnson, a quien uno de los asistentes aspira presentar como poeta de la Ilustración, permite a Tobías Wolff elaborar una historia breve donde los acontecimientos están planteados en pequeñas partes instantáneas y expresados de manera muy elaborada. El malestar interior de estos hombres obsesionados y engreídos, y a la vez conscientes de su pequeñez, da lugar a una comedia sutil, como para ser escuchada en voz baja, como ocurre con la buena escritura.
 
Los diversos hilos de cada uno de los relatos, las secuencias meditativas, los sucesivos viajes al ayer que arrojan luz en estas vidas, todo ello está realizado con equilibrio.
 
Esta docena de relatos –a Wolff le sientan muy bien los espacios reducidos– tienen la fuerza narrativa de un Richard Ford; un elevado listón, por cierto.
 
 
Tobias Wolff, Cazadores en la nieve. Alfaguara, 2005. 256 páginas.
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