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FÉNIX EXULTANTE Y LA TRASCENDENCIA DORADA

Lucha entre la libertad y el control

Las dos últimas novelas de la trilogía de John C. Wright, La edad de oro, se centran en el triunfo del individuo libre sobre la opinión pública y la lucha entre la civilización liberal y el totalitarismo. Mientras tanto, continúan revelando los detalles de la sociedad, brillante y compleja, en la que se desarrollan los acontecimientos.

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Cuando terminé el segundo libro de la trilogía decidí no reseñarlo. La razón es sencilla. En la reseña del título que la inaugura, La edad de oro, critiqué a su autor por asumir que se podría reprimir al individuo a partir de un relativo monopolio de la opinión pública. El problema es que John C. Wright fue siempre completamente consciente de eso, y lo demuestra en el segundo volumen enseñándonos de qué formas se resquebraja esa represión. De modo que, para no meter la pata más de lo imprescindible, he preferido ver qué nos reservaba el final, para no creerme yo más listo que el autor. Podría haberles contado que, como estas dos novelas se pensaron como una sola y el editor las separó, así reseñaba según la intención original de Wright. Pamplinas.
 
La primera novela nos dejaba con Faetón, el protagonista, condenado al Exilio. No es una condena legal, sino un acuerdo de todos los miembros del Colegio de Exhortadores para no tener tratos de ningún tipo con el exiliado. Dicha asociación está compuesta por todos los habitantes de la Ecumene Dorada, la sociedad que ocupa el sistema solar. Pero no todos. Después de viajar penosamente hasta el lugar donde se agrupan los demás exiliados, sólo para ser expulsado por éstos, Faetón emprenderá un camino en el que, guiado por su ingenio y hasta su habilidad empresarial, le deberá llevar a recuperar su sitio en el mundo. Para ello necesitará de la colaboración de quienes han decidido romper, aún secretamente, con el monopolio de los exhortadores.
 
Aparte del protagonista, el personaje más interesante de la saga resulta ser Atkins. En una sociedad pacífica que vive unida lo más anacrónico que puede existir es un militar.  En el Gobierno mínimo de la Ecumene Dorada la principal función del Parlamento es, claro, negarle fondos. Sin embargo, desvelados los enemigos de Faetón como una antigua colonia en otra estrella, la Ecumene Silente, que lo son también de su civilización, Atkins mostrará que los milenios invertidos en equipo y entrenamiento no han sido inútiles.
 
Detalle de la portada de LA TRASCENDENCIA DORADA.El drama de la Ecumene Silente consistió en pretender eliminar una única libertad: la de crear y construir inteligencias mecánicas superiores a la humana que reduzca a los hombres a la irrelevancia. A partir de esa restricción, y pese a ser una civilización de riquezas inagotables, su historia acaba reduciéndose a una serie de guerras y degradación de otras libertades en la que sus habitantes terminaron controlados por la única inteligencia mecánica permitida para evitar que incumplieran ese edicto, esa única ley contraria a la libertad.
 
La lucha entre ambas civilizaciones, pese a contener escenas de acción, se desarrollará sobre todo en el plano filosófico. John C. Wright se muestra en él como un autor cercano al objetivismo que carece tanto de las aburridas manías de Rand a la hora de narrar como de algunas de las más irritantes tesis de su filosofía, como la insistencia en el egoísmo como virtud. La principal batalla se dilucidará a partir de la moralidad. Si ésta es objetiva, el enemigo será destruido; si no lo es, lo será Faetón y toda la civilización.
 
Sin embargo, los debates en que se intenta dilucidar esta cuestión no resultan ser un discurso plomífero de 50 páginas al estilo de La rebelión de Atlas, sino una discusión bastante más entretenida entre humanos que han sufrido diversas alteraciones en su estructura mental y, por tanto, presentan grandes diferencias en el modo de razonar.
 
No se ahorra tampoco el autor múltiples referencias a la mitología y a otras obras de la ciencia ficción, que sin embargo no son esenciales para entender y apreciar la narración. Resulta, así, divertido encontrarse, por ejemplo, con una refutación a las tres leyes de la robótica de Asimov, uno de los lugares comunes más clásicos del género, a las que por supuesto no se identifica como tales.
 
Fénix exultante y La trascendencia dorada completan una obra marcada por el sentido de la maravilla de las primeras novelas clásicas pero pasada por el tamiz de 80 años de ciencia ficción desde que se escribieran éstas. Una lectura apasionante, aunque requiera un gran esfuerzo para comprender o intuir la sociedad en que transcurre la narración, puesto que el autor tiene el acierto de no frenar nunca la acción para darnos una descripción completa, sino que la describe poco a poco, según lo considera necesario. Pero el esfuerzo merece la pena, si se tiene algo de interés por el género y por el pensamiento liberal.
 
 
Fénix exultante. Bibliópolis, 2005. 256 páginas.
La trascendencia dorada. Bibliópolis, 2005. 288 páginas.
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