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Luis Asúa

Primarias catárticas

Es tal el estado del PP que la ruptura implicaría, todo lo más, que salieran medio centenar de cargos que llevan décadas instalados en el poder

Luis Asúa
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Hace más de diez años, algunos (pocos) iniciamos la petición de primarias para el PP. Algunos (bastantes) nos acusaron de intentar destruir el partido. Hoy las primarias han generado un movimiento muy ilusionante de renovación que puede salvar lo que muchos vaticinan: que el PP no tiene remedio y que se extinguirá.

Pese al artilugio de primarias que impuso Maíllo, éstas han dado muy buenos frutos. Ahora, en la recta final, se enfrentarán renovación y continuismo. O el mejor PP frente al arenismo (pronúnciese sin ese, y mira que me cae simpático el personaje). Arenismo que implica una buena dosis de arriolismo, picaresca (el peso del PP andaluz no se sostiene por ningún lado, ni en términos de poder, afiliación o inscritos) y cierto disfraz de severidad -que no de seriedad- y un empaque de peso pesado que produce cierto temor. En fin, una lata que hay que desmontar lo antes posible.

Soraya hizo una campaña muy peculiar. Se limitó a largar una serie de videos que fueron muy difundidos (hay que reconocer que su habilidad para auto-publicitarse). Creo que buscaba humanizarse y limar sus aristas más antipáticas. De proyecto de partido o de España, nada más que los mensajes vacíos de siempre que nos han llevado a la ruina de militancia y electores en la que apenas sobrevive el PP de hoy.

Algunos éramos muy escépticos a una candidatura de Casado –llevamos muchos años hartos de ver a nuestros líderes zarandeados por los jueces y, lo que es peor, ver cómo la agenda política estaba en sus manos- pero Pablo, con evidente talento, consiguió poco a poco convencer y tomar impulso. Estuvo a punto de convertirse en una ola arrolladora gracias a su entrevista en Es la Mañana de Federico. Una entrevista que se estudiará, sin duda, en el campo de la comunicación política. Creo que si hubiera accedido a un debate, y arrastrado al mismo a Cospedal y Soraya, hoy sería, sin duda, el presidente del PP.

Una unificación de candidaturas a estas alturas sería la puntilla para el PP. Renovación y continuismo son incompatibles. Lo segundo siempre acaba con lo primero y más en este PP donde el talento no abunda, y los cuadros llevan petrificados en sus cargos desde hace décadas. Con una unificación seguiremos perdiendo electores a borbotones e incluso militantes, aunque ya no queda más que el hueso del partido. Es la hora de la audacia y de la épica. Espero que los casi tres mil doscientos compromisarios voten con criterio, pero hay que seguir convenciendo y abrir el debate de ideas y proyectos para que lo que hoy es un impulso de renovación se convierta en una ola arrolladora.

Se habla de unir para que el partido no se parta. Es tal el estado del PP que la ruptura implicaría, todo lo más, que salieran medio centenar de cargos que llevan décadas instalados en el poder. En términos anatómicos el enfermo, como mucho, perdería las uñas y algo de pelo. Además siempre se pueden usar los indudables talentos políticos de Soraya para presidir alguna región como Madrid o intentar ganar, por fin, Andalucía. Aunque siendo contribuyente en la capital, prefiero que la manden más al sur.

Maíllo ideó unas primarias llenas de argucias para que la última palabra la tuviera el aparato, por medio de un colegio de compromisarios que puede, en segunda vuelta, 'corregir' la voluntad de los militantes revocando la lista más votada por éstos en primera vuelta. Si bien es cierto que en el caso de Soraya este apoyo de los militantes, apenas tiene un tercio de los votos, es muy minoritario, sería toda una paradoja del destino que fuera esta artimaña final, la más tramposa, la que entierre la actual nomenclatura pepera. Y si siguen con el argumento de respetar la lista más votada pues que voten otra vez los inscritos. El resultado sería indudable.

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