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Mario Noya

La OTAN no tiene la culpa de que Putin sea un criminal

La OTAN ha representado una amenaza para una autocracia que jamás se ha sentido segura en su propio sistema aberrante.

La OTAN ha representado una amenaza para una autocracia que jamás se ha sentido segura en su propio sistema aberrante.
El autócrata ruso Vladímir Putin. | EFE

Hal Brands, del American Enterprise Institute (AEI), ya no es que niegue la mayor –la OTAN es culpable–, sino que sostiene que afirmarla es "moral y geopolíticamente bizarro" y va más allá, a sentenciar que la Alianza Atlántica ha procurado estabilidad y seguridad a Europa y a la propia Rusia.

La presencia de ese actor no europeo, ese EEUU convertido en una suerte de tercero en concordia, enterró la posibilidad de una carrera de armamentos en una Europa donde rivales históricos que libraron guerras devastadoras (las últimas, las dos Mundiales) decidieron ir de la mano como las perdices fabulosas y hasta tendérsela al oso ruso, para que también él fuera como en los cuentos. Y como muestra de que iban en serio procedieron a desarmarse y EEUU, a retirar tropas y blindados del continente. (Spoiler: nada amoroso, el oso ruso se dispuso a hacer todo lo contrario).

Si la OTAN fue una manifestación del imperialismo americano, fue una "señaladamente benigna y consensuada", apunta Brands, y dispara abundando en que la OTAN fue de hecho mayormente "una idea europea" en la que, cuando se materializó, y a diferencia de lo que sucedía en el liberticida Pacto de Varsovia, no se forzaba a nadie a ingresar. De hecho, fueron los polacos, los checos, los húngaros, recuerda Brands, los que urgieron a Bill Clinton a que les admitiera (1999) en ese club de lo que querían ser: democracias liberales prósperas.

"Una Rusia democrática no se hubiera preocupado demasiado por tener unos vecinos alineados con Occidente, porque la libertad política en esos países no habría supuesto un amenazante ejemplo subversivo para los rusos anti Putin". Ahí le ha dado Brands. En eso sí ha representado la OTAN una amenaza: para una autocracia que jamás se ha sentido segura en su propio sistema aberrante.

El error, el gran error de la OTAN, lamenta Brands, fue 1) apaciguar al oso ruso en cuanto se puso en modo osazo rencoroso y 2) prometerse a Georgia y Ucrania (2008) pero no comprometerse con ellas:

Creó el peor de los escenarios: dio a Putin tanto el pretexto como la ocasión para impedir la futura expansión [de la OTAN] despedazando ambos países.

Pero el colmo ("curious morality", prefiere Brands) es "culpar de la presente carnicería a Occidente, que quería proteger a los Estados vulnerables de Europa Oriental, en vez de a Putin, que se ha afanado en desmembrar e intimidar a esos países".

Vamos ya con el párrafo final del muy recomendable artículo de Brands:

Hoy, EEUU tiene ante sí una lucha larga e ingrata para poner coto al proyecto imperial de Putin y proteger un orden mundial en peligro. La introspección es una cualidad admirable, pero lo último que necesita ahora América es un nuevo ataque de autoflagelación basado en otra concepción errónea del pasado.

***

Shay Khatiri y Dalibor Rohac inciden aquí en que el colapso del comunismo en Europa Oriental fue "no sólo un momento de liberación sino de grave incertidumbre", y recuerdan a los desmemoriados los conflictos violentos que sacudieron el Imperio soviético (tan importantes como el de Nagorno Karabaj), mientras que Rusia asistió al bombardeo de su propio Parlamento (1993) y a punto estuvo de confiarse a un comunista en las presidenciales de 1996: Guennadi Ziugánov, que sigue vivito, coleando… y jaleando a su semejante Vladímir Putin. "Los europeos orientales observaban con aprensión" y, naturalmente, ansiosos de volver a ser Occidente, del que les apartó el Imperio del Mal añorado por Putin, el padrecito de los pueblos exsoviéticos para tanto enterado de butacón que ni loco querría vivir bajo su tutela criminal.

Son muy pocos (…) los que piensan que han llevado la guerra más cerca de sus fronteras por correr a unirse a la OTAN. Si acaso, están agradecidos de que la pertenencia a la OTAN les procure un escudo que mantiene la guerra –o la agresión rusa– lejos de sus países.

El problema, la tragedia, lo tienen, la padecen, quienes se han quedado fuera, lastrados por los decenios de atraso miserable que les infligió esa Unión Soviética que forjó a Vladímir Putin, de chekista kagebero a prócer imperialista… ¡para alegría y satisfacción de tanto anticomunista que se conmovió con la demolición del Muro de la Vergüenza!

Sin el efecto pacificador de la pertenencia a la OTAN, las perspectivas del ingreso en la UE y de la prosperidad económica (…) siguieron mostrándose elusivas. Por considerar un ejemplo alternativo al más obvio –es decir, Ucrania–: Georgia trató de acometer reformas económicas y políticas para erradicar la corrupción y erigir instituciones de corte occidental durante gran parte de la década del 2000. Sin que su seguridad quedara garantizada, el efecto de dichas reformas se demostró limitado… y Georgia ha seguido siendo vulnerable a la recurrente injerencia rusa. [Georgia, de hecho –y de nuevo como Ucrania–, ha visto cómo Rusia le amputaba una parte sustancial de su territorio].

"Afirmar que Estados Unidos y la expansión de la OTAN tienen la culpa del revanchismo ruso sugiere una ignorancia de la historia política de la Rusia poscomunista y del papel que han desempeñado en ella el revanchismo y la nostalgia imperial", dicen estos dos jóvenes investigadores. Dicen más:

Asimismo, priva de voluntad [agency] a los líderes rusos, convirtiéndolos en autómatas. Después de todo, la OTAN es una alianza defensiva que funciona por consenso, y resulta inimaginable que sus miembros se pusieran de acuerdo para invadir Rusia. Conceder legitimidad a los temores rusos a una posible agresión de la OTAN equivale a tratarlos como si fueran estúpidos.

Cómo van a ser estúpidos esos asesinos de masas. Los estúpidos son sus tontos útiles. O tampoco.

***

"Putin tiene razón cuando dice que la OTAN es un peligro para él", incita Tomás Klvana, exasesor del presidente checo Václav Klaus; "pero no de la forma en que se pueda imaginar usted" si usted ha quedado expuesto al raca-raca de los hijos putativos de Putin, avanza. "Putin sabe que la OTAN no representa una amenaza militar para Moscú (…) Sabe que la OTAN es una alianza defensiva que jamás atacaría su país sin mediar provocación (…) Putin se opone a la OTAN por la misma razón por la que se opuso al despliegue de las defensas antimisiles norteamericanas en Europa Central hace 15 años": porque es él el que quiere estar ahí, donde no le quieren. Sometiendo. Finlandizando (por cierto, que los finlandeses –y sus vecinos los suecos–, que siempre se habían alineado en el "no a la OTAN", ahora están aporreando la puerta de la Alianza para que les dejen pasar a-la-de-ya: otro milagro de San Vladimiro, ateo venerado por integristas católicos que no deben de saber muy bien qué imagen tienen en Moscú de Roma). Recomponiendo, en fin, el mapa de la Guerra Fría, con aquel costurón siniestro que partía en dos Europa.

"Me estremezco cuando veo a los cazas rusos sobre Kiev, Járkov, Mariúpol y otras grandes ciudades ucranianas, e imagino lo que podría sucederle a mi país, la República Checa, si no estuviera en la alianza [atlántica]", escribía Klvana al día siguiente de la invasión. "Es la materia de mis pesadillas". Y aún no había visto nada.

Klvana, profesor de la Universidad de Nueva York en Praga, tiene un mensaje para los "realistas" (las comillas, muy bien puestas, son de su cosecha):

La ampliación de la OTAN y la de la UE han sido las políticas europeas [sic] más exitosas de las últimas tres décadas. Las vidas de cien millones de personas de los Estados antiguamente comunistas que ahora están en la OTAN y la UE han mejorado inmensamente (…) Si hubiéramos hecho caso a los realistas y decidido "no tocar al durmiente oso ruso", como gustaban de decir, y no hubiéramos ampliado la OTAN, que procura seguridad, estabilidad y por tanto también prosperidad, la vida de esos cien millones de personas habría sido mucho peor. ¿Y a cambio de qué exactamente? ¿De la esperanza de que Rusia hiciera una transición exitosa, enterrara el expansionismo imperialista intrínseco a su historia y se hiciera más occidental?

En realidad, tiene dos:

Los realistas (…) tienen una fórmula que pivota abiertamente sobre el poder y los intereses y desatiende los valores, especialmente los derechos humanos, las libertades civiles, la democracia, la laboriosidad de la nación y, sobre todo, la dignidad humana. También infravaloran la importancia de las instituciones que representan esos valores. Pero son precisamente esos valores y esas instituciones lo que a la larga determina el éxito o el fracaso de un país, así como su conducta en el escenario internacional.

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