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Nicolás, ¿por qué no te callas?

Sus amigos del CNE le han hecho el enorme favor de proclamarlo presidente electo lo antes posible, pese a las protestas por toda Venezuela.

Martín Higueras
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Después de varios años del peor chavismo encabezado por Chávez, este domingo los demócratas y la oposición venezolana creyeron de verdad, por primera vez en 14 años, que podían salir victoriosos. Estuvieron a punto.

Venezuela está hoy partida en dos... exactamente en dos. El que no parece haber entendido el mensaje es Nicolás Maduro. Demuestra su poca capacidad como estadista, su ignorancia total en lo que se refiere a gobernabilidad, su chavismo desbordado y fanático, su imposibilidad de leer los resultados con los pies sobre la tierra y su incapacidad para analizar correctamente lo que ocurre a su alrededor. Y esto lo ha logrado en apenas 24 horas.

Lo mejor que podría hacer ahora Maduro es quedarse callado. Y si tiene tantas ganas de hablar, que madure y reconozca la importancia de una oposición ordenada y organizada (cosa que parece ser la Mesa de la Unidad Democrática) y hable de consensos, acuerdos o diálogo; es decir, que dé voz a la mitad de los venezolanos. Parece imposible, ¿verdad? Él más que nadie debería reconocer las cifras: puede que haya ganado, pero es lo que solemos llamar una victoria pírrica: hay un retroceso importante del chavismo, con casi un 5% menos que en las elecciones de octubre de 2012. ¿Eso es una victoria para él? ¿De verdad?

Si aún había dudas, con los resultados del pasado domingo Henrique Capriles ha demostrado ser el verdadero líder de la oposición, y seguramente el único capaz ahora mismo de derrotar al chavismo. Moralmente, aunque esto no valga para salvar por el momento a Venezuela, él es el gran ganador del domingo. Ya derrotó en 2008 y 2012, en las elecciones del estado de Miranda, a Diosdado Cabello y a Elías Jaua, dos pesos pesados del chavismo: el primero es presidente de la Asamblea Nacional y el segundo, ministro de Asuntos Exteriores.

Este episodio del domingo recuerda de alguna manera lo ocurrido en Perú en el año 2000. En aquellas elecciones Fujimori ganó en segunda vuelta –en lo que sería su tercer periodo presidencial, ilegal por cierto–, pero con muchas dudas respecto al recuento de los votos. Eso provocó en las siguientes semanas muchas protestas y una gran marcha en contra del régimen fujimorista. Ese fue el comienzo del fin de Fujimori, que en noviembre renunció a la presidencia en un mensaje enviado por fax desde Japón.

Es imposible saber si lo ocurrido en Venezuela el pasado domingo generará un efecto parecido, y si esta renacida oposición, unida y organizada, será capaz de provocar la renuncia de Maduro. Lo que ha demostrado Capriles es que sí es posible derrotar al chavismo. No hay duda de que algo está cambiando en Venezuela.

Lo que sí podría ocurrir es una crisis interna en el chavismo a cuenta del liderazgo de Maduro, porque cargarse casi 700.000 votos en tan pocos meses no lo hace cualquiera. Por eso, lo mejor que podría hacer Maduro ahora es callarse, dejar de imitar a Chávez con sus discursos con cuadros de Bolívar detrás, dejar de hablar de "pajaritos chiquiticos" y de provocar no sólo a los que no votaron por él, sino a países que simplemente ven con buenos ojos un recuento voto por voto. Sus amigos del Consejo Nacional Electoral (CNE) le han hecho el enorme favor de proclamarlo presidente electo lo antes posible, pese a las protestas por toda Venezuela. Que se dé por bien servido, pero que por ahora se quede callado.

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