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Irak: el federalismo no es la solución

Cada vez parece menos probable que Irak pueda ser un Estado fuerte y centralizado sin un mayor compromiso de tropas estadounidenses.

Max Boot
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Mi exjefe Les Gelb expone una buena defensa de la cuasidivisión de Irak en tres zonas autónomas: suní, kurda y chií. Yo era escéptico al respecto, y consideraba que no sería algo práctico ni deseable; sigo creyendo que, por sí sola, no puede ser la respuesta a los profundos problemas del país, pero cada vez me siento más proclive a la conclusión de que semejante propuesta debería formar parte de la solución definitiva.

Ello no implica crear tres nuevos Estados; es algo que no funcionaria por muchas razones, entre ellas que ciudades como Bagdad y Mosul tienen una población mixta, que las zonas suníes del país no tienen demasiadas rentas procedentes del petróleo y que los suníes tienen un vinculo emocional con Bagdad y con el Estado iraquí. Pero cada vez parece menos probable que Irak pueda ser un Estado fuerte y centralizado sin un mayor compromiso de tropas estadounidenses del que es previsible en el futuro.

La región kurda ya es autónoma de facto; en realidad, es casi un país independiente, pero uno que aún tiene representación en Bagdad y que recibe una parte de los ingresos nacionales procedentes del petróleo. Tenemos que pensar bien si oponerse a la independencia kurda de iure sigue interesándonos: ¿acaso sería tan malo que los kurdos cumplieran su ancestral sueño de tener un Estado propio? En teoría, podría surgir un nuevo Kurdistán que sería el segundo aliado más fuerte en la región para Estados Unidos (después de Israel, con quien probablemente los kurdos establecerían vínculos); uno que estaría encantado de albergar tropas y aeronaves estadounidenses.

Pase lo que pase con los kurdos, creo que ahora tendría sentido ofrecer a los suníes una región autónoma propia a cambio de luchar contra el Estado Islámico. En realidad, podría ser la única forma de hacerles tomar las armas, ya que no tienen deseo alguno de someterse a los chiíes de Bagdad que aún controlan el Gobierno, incluso aunque Nuri al Maliki ya no sea primer ministro. (Prueba de ello es el nombramiento como ministro del Interior de un miembro de las Brigadas Báder, una milicia respaldada por Irán).

Pero, pese a ser importante, el federalismo, por sí mismo, no es la solución a las tribulaciones de Irak. Tengan o no autonomía, los kurdos seguirán necesitando ser adiestrados, armados y motivados para luchar contra el Estado Islámico, y eso no resultará fácil, independientemente de los arreglos políticos que se les prometan, ya que se han sentido traicionados en el pasado por Estados Unidos y por el Gobierno de Bagdad. Así que corresponde a la Administración Obama intensificar sus esfuerzos contra el Estado Islámico, los cuales, pese a ciertos avances en Kobani, en general parecen ser bastante anémicos. Pero el incentivo del federalismo puede ser una de las zanahorias que poner delante a los suníes para hacerles participar en una campaña de contrainsurgencia, si es que llega a haber una.

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