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¿Alguien sabe qué quiere Rajoy?

Por no saber, no sabemos ni si realmente quiere pactar con Ciudadanos.

Mercedes Rodríguez Martín
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Rajoy con la Ejecutiva del PP | EFE

Quizás aprovechando que los españoles más afortunados vegetan estos días en la tumbona, el presidente del Gobierno decidió manejar de nuevo magistralmente los tiempos alargando un poco más la incertidumbre política. Algún optimista daba por hecho que este miércoles sería el día en el que se pondría una fecha para el debate al que Rajoy se comprometió con el Rey. Una fecha que actuaría como umbral psicológico para las negociaciones y que, quizás, acortaría en algo un proceso que, con unas segundas elecciones de por medio, se está alargando más de ocho meses. Fiel a sí mismo, el líder de los populares dio otra vuelta de tuerca a esa galleguería a la que algunos achacan los silencios con los que maneja su partido y a sus rivales. Hoy era el día de decir sí o no a Ciudadanos. Pero Rajoy ha contestado que a lo mejor, sin importarle echar por tierra lo dicho por sus escuderos y la promesa que hizo al conjunto de españoles, que empiezan a tomarse a broma algo que va muy en serio.

A estas alturas del proceso, seguramente ni los más cercanos al presidente se aventuran a decir qué pasará. Por no saber, no sabemos ni si realmente quiere pactar con Ciudadanos. Las demandas de Rivera no eran inasumibles y, matices aparte, bastaría con una promesa vaga para arrancar un sí que los de Ciudadanos parecen deseosos de dar. El presidente ni siquiera ha accedido a eso, mientras lanza mensajes que contradicen toda su actuación: formar Gobierno urge, pero los días pasan sin que él acelere el proceso. La incertidumbre es mala para España, pero él la ha engordado un poco más con su confusa comparecencia.

Quienes dan por hecho que todo forma parte de una calculada estrategia para desgastar al máximo a Sánchez deberían tener en cuenta las veces que Rajoy repite, de forma inquietante, que nos amenazan otras elecciones. Si Sánchez sucumbe en estos días eternos que están pasando desde el 26-J, el presidente gana. Pero si resiste el envite, también. Las elecciones no son sólo otro argumento político en manos del presidente, sino una baza más para Rajoy. A quien no le ha importado contradecirse a sí mismo en tan sólo siete días quizá tampoco le importe forzar el sistema hasta el punto de reabrir las urnas. A cuenta del desgaste de Ciudadanos, PSOE y de todos los españoles.

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