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El fuego al acecho

Organismos internacionales piden a España y Portugal la creación de un eje unificado contra los grandes incendios.

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Terrible imagen de uno de los muchos incendios en Portugal durante 2017. | EFE

WWF España acaba de presentar su informe anual veraniego en el que avisa del peligro de los incendios forestales y aconseja sobre la forma de evitarlos y combatirlos. La principal novedad de este año consiste en la propuesta de creación de un eje ibérico España-Portugal contra los grandes incendios.

El informe al que nos referimos comienza con una llamada a los Presidentes de España y Portugal, Sánchez y Costa respectivamente para que se reúnan con el objetivo de formar un "eje ibérico" contra los superincendios forestales. La dramática situación por la que pasó el país hermano en el verano de 2017 lo hace no sólo necesario, sino muy urgente.

El informe, titulado "El polvorín del noroeste" ha sido presentado de manera casi simultánea en Madrid y Lisboa para recordarnos que ambos países se enfrentan a una emergencia común por los grandes incendios forestales, llamando así a los que superan las 500 hectáreas.

El noroeste español y especialmente Galicia es la zona más castigada por los incendios de la Península. En España casi el 65% de los incendios se produce en el noroeste peninsular. Sólo Galicia concentra unos 6.000 siniestros al año.

En Portugal, el pasado año, el 94% de los incendios ocurrieron al norte del Tajo. Se trata del país europeo más afectado por el fuego y el cuarto del mundo que mayor superficie forestal ha perdido, debido en su mayor parte a las oleadas de fuego que cada año lo asolan. Está claro que tenemos la obligación moral de aportar toda nuestra experiencia y nuestros medios para ayudar a que tal desastre se detenga.

Para WWF los incendios han dejado de ser un problema forestal para convertirse en un gran problema social. Los conflictos políticos y sociales sin resolver y las gestiones ambientales y silvícolas obsoletas se encuentran en el origen del problema.

Esta prestigiosa organización, conocida antiguamente como "Adena", realiza en su informe del año presente un análisis en el que la Península Ibérica aparece considerada como "un todo", de manera que los Gobiernos deben asumir un plan de ataque conjunto. Portugal y la España verde serán un infierno año tras año si no cambiamos las viejas recetas contra el fuego, ha asegurado el secretario general de WWF España Juan Carlos del Olmo. "La cooperación entre nuestros países no debe ser exclusivamente económica, también debe servir para proteger el patrimonio cultural que ambos países compartimos", ha concluido.

Nuevos y devastadores incendios.

En los últimos años han cambiado notablemente las condiciones y las dimensiones de los grandes incendios, que están empezando a definirse como "superincendios". El informe de WWF atribuye esta devastadora transformación al llamado "cambio climático", pero sin entrar en este polémico término, hay que reconocer que las últimas olas de calor de larga duración combinadas con la sequía son la mecha que prende el fuego en el polvorín del bosque.

Sorprende la evolución de los grandes incendios tanto a lo largo del año como en las zonas especialmente delicadas: las campañas de mayor riesgo comienzan antes y se prolongan hasta el otoño, de manera que no sólo durante los tórridos periodos estivales hay que mantener alta la guardia. En definitiva, la temporada de alto riesgo ya no se ciñe a julio y agosto.

Un desastre anunciado

2017 fue lo suficientemente devastador en la Península Ibérica como para que este año, al comienzo del verano, extrememos las precauciones. Lo más relevante del comportamiento del fuego fue la manera fulminante, casi explosiva, en que se propagaron muchos incendios en ocasiones con trayectorias imprevisibles, lo que los convirtió en insalvables.

En Portugal las víctimas humanas fueron lo más lamentable. A mediados de junio un incendio de proporciones gigantescas dejó 64 víctimas, a las que se sumaron otros 43 en octubre. En Galicia, una de las oleadas de incendios dejó 4 fallecidos, y en Asturias y León miles de hectáreas se consumieron en múltiples incendios simultáneos que desbordaron a los dispositivos de extinción y amenazaron numerosas poblaciones.

Hay que evitar que vuelva a suceder una tragedia de estas dimensiones, pero para ello es necesario no errar el diagnóstico, es decir, saber qué ocurrió y a causa de qué. ¿Por qué razones fue el fuego tan virulento y produjo tantas víctimas mortales?

Entre las principales causas están los problemas estructurales, como la continuidad del paisaje sin cortafuegos, naturales o artificiales, las plantaciones forestales abandonadas, la extinción de la ganadería extensiva con ausencia de ovejas y cabras, la desaparición de pequeños cultivos y huertas, una nula ordenación territorial y la existencia de numerosos núcleos de población que se meten en el monte sin las medidas de protección adecuadas.

Hemos padecido incendios explosivos que WWF ha calificado como verdaderas "tormentas de fuego". Las condiciones meteorológicas extremas han tenido buena parte de culpa, pero no es éste todo el problema. La despoblación del medio rural o la inserción de pequeñas edificaciones en medio del monte son también culpables. "Si está despoblado, arderá", establece uno de esos sabios proverbios de pueblo.

Desmintiendo algunos mitos

El informe de WWF España advierte del peligro de errar el diagnóstico del problema que supone la repetición, año tras año, de algunos mitos que, no por reiterativos resultan ciertos: no se ha podido demostrar la existencia de tramas criminales especulativas, ni se quema para revalorizar el terreno y comerciar con los despojos. Muchos incendios son intencionados, pero debido a prácticas forestales indeseables o a la actuación de pirómanos aislados, no a "mafias criminales del fuego"·.

Tampoco hay que culpar del todo a los eucaliptos, tan satanizados en el mundo ecologista. Todo aquel que utilice papel necesitará la existencia de bosques de producción rápida de celulosa, y el eucalipto, junto con el pino, está a la cabeza de este tipo de cultivos madereros. Lo malo no son los bosques de eucalipto, sino los bosques de eucalipto abandonados. Hay que saber cuántas hectáreas de eucaliptal necesitamos y saber cuidarlas y gestionarlas.

En definitiva no sabemos cuál será la disponibilidad de tiempo y el entusiasmo del Presidente de Portugal para establecer las conversaciones con el Sr. Sánchez y luchar codo a codo contra el fuego. Al Presidente español le reclamamos que haga un urgente hueco es su compleja agenda, llena en estas fechas de citas con quienes no tienen precisamente intenciones de colaborar todos juntos.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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