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Miguel del Pino
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Ómicrón pide un último esfuerzo

Merece la pena reflexionar y escuchar la voz de virólogos e inmunólogos. Si así lo hacemos este inicio de 2022 va a ser un tiempo de esperanza.

Miguel del Pino
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Merece la pena reflexionar y escuchar la voz de virólogos e inmunólogos. Si así lo hacemos este inicio de 2022 va a ser un tiempo de esperanza.
Un niño posa con un test covid junto al árbol de Navidad. | EFE

Antes de caer presas de pánico por los datos sobre la transmisión de ómicron, nunca visto con anterioridad en el desarrollo de la pandemia covid, merece la pena reflexionar y escuchar la voz de virólogos e inmunólogos. Si así lo hacemos, este inicio de 2022 va a ser un tiempo de esperanza.

Si acertamos los optimistas que creemos firmemente en la Ciencia y pensamos que la pandemia está a punto de declinar y extinguirse, una vez más habrá que dar la razón al genio de Cervantes, cuando Don Quijote recomendaba a Sancho que tuviera esperanza ante las borrascas que les atacan, porque no siendo eternos los tiempos buenos ni los malos, llevamos tantos de los malos que es de esperar que pronto lleguen los buenos.

Sudáfrica, punto del planeta en que se originó la variante ómicron del virus, se ha convertido en el laboratorio principal que analiza estos días su evolución y comunica sus estudios a la OMS en un intento de pronosticar el futuro de la epidemia y su posible extinción a nivel planetario. Las primeras conclusiones, aún sometidas a estudios como es preceptivo en la comunidad científica, son marcadamente optimistas.

Recordemos que la defensa las infecciones, entre ellas las víricas, se basa fundamentalmente en dos mecanismos, la defensa celular, en la que intervienen los linfocitos T llamados "de memoria", y la defensa humoral, basada principalmente en los anticuerpos, que son proteínas sencillas.

Tanto el padecimiento de la enfermedad como la vacunación actúan induciendo la producción de anticuerpos y estimulando la formación y pervivencia de los linfocitos C, que reconocen principalmente la espícula del virus; pues bien, los estudios que se están desarrollando sobre la evolución de ómicron parecen indicar de manera científica que la actuación de los linfocitos T se mantiene a largo plazo tanto en infectados como en vacunados, en tanto que los anticuerpos van desapareciendo. Gracias a esta pervivencia de las células defensivas, el virus podría tener los días contados.

Ómicron es la "traca final"

Autoridades científicas de verdadera relevancia, como la del inmunólogo español Miguel Ángel del Pozo, del CNIC (Investigaciones Cardiológicas) encuentran en esta onda de infecciones masivas que se transmite a velocidad nunca antes vista el signo definitivo de que el virus Sars Cov 2, en sus diferentes variantes, podría quedarse entre nosotros como un simple virus catarral más de aquellos con quienes estamos acostumbrados a convivir y a los que hace muchos años que perdimos el miedo.

Algunos pronósticos científicos se arriesgan a aventurar la fecha del final de la pandemia, que estiman en el comienzo del próximo verano. Asistimos a la "traca final" de un dolorosísimo proceso que, a pesar de lo traumático de su resultado, no puede compararse, como algunos tratan de hacer, con el virus gripal de 1918 que mató a cincuenta millones de personas y terminó de manera brusca.

En el caso de la mal llamada "gripe española" de 1918 el estado de la investigación científica no permitió la elaboración de vacunas, de manera que nuestros pobres antepasados estaban tan indefensos como nuestros ancestros medievales ante la peste: si aquel virus no acabó con la sociedad humana fue gracias a la masiva inmunización por padecimiento. Cada una de las víctimas actuó como freno natural a un virus que mataba demasiado, rompiendo así con una ley fundamental de la biología evolutiva: no matar, sino utilizar al huésped para reproducirse.

En este caso estamos ante la fundamentada esperanza de alcanzar no ya la inmunidad de grupo que pretendía alcanzar nuestro presidente del gobierno, "inmunólogo" y "profeta" con la vacunación, sino a una inmunidad global propiciada por la combinación de vacunación y padecimiento. Demos gracias a la memoria de los linfocitos T.

Pero el hecho de que cada vez nos juguemos menos la vida ante la infección por la variante ómicron del Sars Cov 2 no nos da derecho a abandonar las precauciones y la vigilancia, ya que esta variante vírica contiene un último caramelo envenenado: su capacidad de multiplicación es tan grande que podría colapsar cualquier sistema hospitalario del mundo y nuestros sanitarios no se merecen que pongamos a prueba su capacidad de sufrimiento.

¿Recuerdan cuando la población se asomaba todas las tardes a los balcones para aplaudir a médicos y sanitarios por los esfuerzos que realizaban para salvar vidas? Entonces no teníamos ni vacunas, ni experiencia ni correcta orientación. Ahora es diferente y hay que darles el homenaje de nuestra colaboración, que bien se lo han ganado.

Ni descuidar la vacunación ni adoptar conductas irresponsables: ese es el último reto que nos plantea un virus cada vez más contra las cuerdas.

A todos los sanitarios deseamos de manera muy especial un año 2022 todo lo feliz que merecen y agradecerles que, gracias a los científicos y a ellos, estemos a un paso de dar por finalizada esta terrible pandemia.

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