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Miguel del Pino

Pandemias en la fauna

Enfermedades que se extienden por todo el planeta, como el coronavirus, también amenazan la existencia de todas las especies de anfibios.

Miguel del Pino
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Enfermedades que se extienden por todo el planeta, como el coronavirus, también amenazan la existencia de todas las especies de anfibios.
Rana lemur naranja. | Pixabay

La palabra pandemia obsesiona en estos momentos a la humanidad con toda razón. Si epidemia es una enfermedad que afecta a un gran número de individuos, pandemia se refiere a aquélla que es capaz de extenderse por todo el planeta. ¿También los animales sufren pandemias?

Para cualquier patógeno, como el virus Sar Cov 2, ser capaz de extender su acción a la especie humana es un verdadero hito, somos muchísimos individuos y nos movemos por todo el planeta de manera rapidísima; pero también estamos ahora mismo conviviendo con microbios infecciosos que se están mostrando capaces de acabar no ya con especies, sino con grupos zoológicos enteros.

Se extinguen los anfibios

Ranas, sapos, salamandras, tritones y cecilias, es decir, la totalidad de los anfibios del planeta están en un proceso vertiginoso de extinción debido a una pandemia mundial que se ha declarado y extendido en apenas cinco décadas.

La mortalidad de estos interesantes animales comenzó a detectarse en los años setenta del siglo pasado; en principio no se dio demasiada importancia al fenómeno de que las ranas, las salamandras y sus parientes fueran disminuyendo y desaparecieran por completo de lugares donde hasta hacía pocos años eran abundantes, los anfibios no presentan demasiada importancia económica salvo para las redes de tráfico de especies, así que no sabemos siquiera cuándo comenzó su desastre.

La delicada piel de los anfibios afectados mostraba ulceraciones malignas, al tiempo que los animales enfermos decaían en su actividad, dejaban de alimentarse y morían.

Lo más alarmante fue comprobar que la plaga de los anfibios se extendía por todas las regiones del planeta en que éstos habitan, desde Asia hasta Amazonia pasando por África y Europa. Se trataba pues de una pandemia, y su origen era completamente desconocido; como es habitual no faltaron teorías "políticamente correctas" desde el punto de vista ecológico, y así empezó a hablarse de "la disminución de la capa de ozono" o del "cambio climático".

El culpable fue descubierto en 1998; como es natural los microbiólogos había investigado el posible patógeno entre los virus y las bacterias, con resultados completamente negativos, y es que el agresor es un hongo, al que pronto comenzó a conocerse como "el hongo asesino de los anfibios".

Desde el punto de vista científico dicho hongo, microscópico, pertenece al grupo de los quitridios, siendo su nombre científico Bachatrochytrium dendrobatidis, derivado del de las ranitas tropicales multicolores del género Dendrobates. Pronto se descubrió una segunda especie agresiva, Batrachochytrium salamandrivorans, ésta especializa en principio en el ataque a los anfibios con cola (urodelos), como las salamandras y los tritones.

A partir del ataque de estas dos especies de hongos, se desarrolla de manera vertiginosa el proceso que podría llevar a la extinción de todas las especies de anfibios del mundo: un desastre científico, aunque quienes sólo piensan en lo práctico no parezcan demasiado preocupados por ello.

Las cifras globales de la destrucción son asombrosas: en un brillante artículo publicado en el número 412 de la revista Quercus, decana de la prensa ambiental española, David R. Vieites y Salvador Herrando-Pérez cifran el desastre en datos de las recientes investigaciones de Fisher y Garner, que estiman que se ha producido un declive en al menos 501 especies de anfibios, de las que 50 podrían haberse extinguido ya, mientras otras 124 mantienen poblaciones residuales que han experimentado pérdidas del 90%.

El éxito demoledor que está teniendo el hongo, llamado asesino con toda justicia, nos lleva a elucubrar sobre el posible origen patológico de la desaparición de grupos animales en el pasado de nuestro planeta. En el caso del declive de los anfibios los Batrachoquytridium no sólo han sido capaces de saltar de unas especies a otras, sino a todos los grupos que comprende esta clase de vertebrados, algo así como si el Sars Cov 2 pudiera afectar no sólo al hombre, sino a todos los primates, es decir a la totalidad de los monos del planeta.

No existe tratamiento para los animales enfermos en el medio natural, de manera que habría que actuar con urgencia para intentar la cría en cautividad de las especies en peligro, manteniéndolas en tal condición sin liberarlas en la naturaleza mientras continúen las actuales circunstancias. También es imprescindible acabar con el tráfico de estos interesantísimos animales para surtir el comercio de mascotas.

La gran epidemia parece que comenzó en Asia, como nuestro coronavirus, y su capacidad para salvar todas las barreras geográficas es muy posible que se haya visto favorecida precisamente por su comercialización como animales de terrario. Todos los anfibios españoles están rigurosamente protegidos por la Ley, y tal protección debería extenderse también a sus hábitats, de manera que los supervivientes encuentren libres de contaminación los torrentes, charcas, albercas o riachuelos a los que todos los años tienen necesidad de acudir para reproducirse.

Las grandes extinciones no son solamente cosa del pasado, sin apenas darnos cuenta somos testigos de alguna de ellas, aunque generalmente reaccionemos tarde.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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