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Doña Alicia en el país de la impostura

¡Que Dios nos asista si llega usted algún día a escalar hasta las más altas posiciones del Gobierno de la Nación!

Mikel Buesa
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En el país de la impostura, las mentiras parecen verdades y las falsificaciones aparentan ser originales genuinos. Doña Alicia, a pesar de los títulos académicos que adornan su currículum, no debe de ser muy perspicaz para adivinarlas, aun cuando todas ellas tienen una misma fuente y son sus rivales políticos los que las reiteran con machaconería. Debe de ser por eso -porque la sagacidad no es precisamente su cualidad más destacada- por lo que la semana pasada armó un guirigay de padre y muy señor mío en el Comité de Dirección del PP cuando reclamó una financiación específica para Cataluña. Era, según decía, su manera de dar una respuesta contundente al desafío secesionista -soberanista, dice más bien Doña Alicia, empleando un palabro de indudable raíz nacionalista- que, día a día, se va afianzando en esa región de la mano del Honorable Artur Mas, con sus sólidos apoyos republicanos.

El caso es que la idea de doña Alicia era construir un modelo de financiación autonómica destinado, en principio, a reconocer el hecho diferencial de Cataluña, aunque después, para no armarla, acabó extendiéndolo a todas las comunidades autónomas, como si todas y cada una de ellas constituyesen un hecho diferencial.([Por cierto, y dicho entre paréntesis, la Doña no ha explicado en ninguna parte qué demonios es eso del hecho diferencial). Pero vayamos a los fundamentos de su propuesta. Son tres y bien claros: uno, la limitación de la solidaridad interregional; dos, la sujeción del modelo al principio de ordinalidad, y tres, que los fondos implicados en el trasiego de recursos entre las comunidades autónomas sean finalistas. Merece la pena analizarlos.

Comenzando por la limitación de la solidaridad, dice doña Alicia que los recursos aportados por las regiones ricas para financiar a las pobres no deben sobrepasar un determinado porcentaje de su Producto Interior Bruto. Doña Alicia señala que para formular este principio se basa en la experiencia de Alemania, donde, según ella cree con fe de carbonero -no en vano fueron, primero, Jordi Pujol y, más tarde, Josep Antoni Duran i Lleida los que lo afirmaron, uno en la universidad y el otro en el Congreso de los Diputados-, los Länder de mayor renta por habitante ceden una parte de sus ingresos fiscales, pero con el límite del 4 por ciento de su PIB. Esta falsedad, este invento nacionalista, ha pasado del manual de imposturas de CiU a la lista de verdades políticas del PP. Pero si uno acude al Bundesministerium der Finanzen alemán es imposible encontrar el menor rastro de semejante acotación a la solidaridad interregional en el sistema de compensaciones financieras entre los estados federados. Claro que de esto debería haber sabido ya doña Alicia si se hubiera leído el documento que hace más de un año le remitió Convivencia Cívica Catalana para que se ilustrase al respecto.

En cuanto al principio de ordinalidad -que también ha sido evocado por el nacionalismo catalán-, cabe decir que tiene una cierta resonancia alemana. Ello es así porque, en efecto, el sistema de compensaciones financieras entre los Länder está diseñado de tal manera que, teóricamente, el orden en el que éstos se sitúan no cambia como consecuencia de aquéllas. Sin embargo, mientras los nacionalistas catalanes exigen que ese orden se mantenga inalterado con respecto a la renta por habitante, en el procedimiento germánico la ordinalidad se refiere a la capacidad financiera per capita. Ambas variables económicas no son equivalentes, aunque guarden una relación entre ellas. Y, por otra parte, doña Alicia debería saber que, de hecho, en Alemania el orden de los estados federados que acaba resultando de las operaciones de compensación se altera notablemente, según ha mostrado también otro informe de Convivencia Cívica Catalana. Ello es así porque, debido a sus mayores costes administrativos, tanto a las ciudades-estado (Berlín, Bremen y Hamburgo) como a los Landër de baja densidad de población (Brandenburgo, Mecklenburgo-Pomerania Occidental y Sajonia-Anhalt), a efectos contables, se les incrementa apreciablemente su número de habitantes; y además el sistema está diseñado para reducir las diferencias en los niveles de recursos financieros entre los Länder, por lo que da un tratamiento desigual y preferente a los más pobres con respecto a los más ricos. O sea, todo lo contrario que en las pretensiones diferenciadores de doña Alicia con respecto a Cataluña.

Por último, la apelación que hace doña Alicia al carácter finalista de los recursos implicados en las compensaciones interregionales no tiene un pase. Constituye, en la teoría y en la práctica, una negación del derecho a la autonomía que la Constitución consagra como un principio general y que, además, concreta específicamente en el ámbito financiero. Doña Alicia, a la que al parecer tanto le inspira la doctrina germana, debería saber que en Alemania incluso los fondos federales implicados en el sistema de compensaciones interregionales carecen de vinculación a un propósito particular; y que son los estados federados que los reciben los que asumen toda la responsabilidad con respecto a su utilización. ¡Ay, doña Alicia, usted, que está tan atenta a la autonomía de Cataluña, va y se la niega a casi todas las demás regiones de España! ¡Que Dios nos asista si llega usted algún día a escalar hasta las más altas posiciones del Gobierno de la Nación!

Cuando yo era un joven e inexperto alumno de bachillerato, don Celedonio, mi profesor de latín, a la sazón también director del colegio vitoriano en el que estudiaba, semana tras semana, cuando venía a entregarnos las notas que habíamos de llevar a casa para que las firmaran nuestros padres, al llegar a mi nombre, indefectiblemente decía: "Buesa, hay que estudiar Falange". Con los años, aquel consejo acabó resultándome muy útil para afirmar mis convicciones antifranquistas -en aquella época gobernaba el general ísimo- y democráticas, pues no hay nada mejor para combatir al rival político que conocer a fondo su pensamiento. Por ello, permítame, doña Alicia Sánchez-Camacho, que, visto lo visto, le traslade el consejo de mi viejo maestro: estudie usted de verdad el nacionalismo si no se quiere ver abducida por él.

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