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El PSOE ha vuelto

Tomen nota los que en el PP se frotan las manos pensado que lo tienen todo ganado y apréstense al trabajo político y al combate ideológico.

Mikel Buesa
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"¡El PSOE ha vuelto, compañeros!", clamaba Alfredo Pérez Rubalcaba en su discurso de clausura en la Conferencia Política celebrada por su partido el pasado fin de semana. El PSOE ha vuelto, decía, como si el retorno constituyera un conjuro para los malos augurios electorales o un bálsamo para aliviar los enrevesados entuertos que envuelven al socialismo español. Pero no es así, porque a donde verdaderamente ha vuelto el PSOE es al mismo punto desde el que, en el año 2000, emprendió una deriva errática y liquidacionista, de la que, a pesar de su éxito electoral entre 2004 y 2011, aún no ha podido salir.

En efecto, si en 2000 el socialismo español adolecía de una crisis de liderazgo, con una cabeza bifronte en la que el aparato del partido -entonces dirigido por Joaquín Almunia- pugnaba por descalabrar al candidato electo en unas primarias, Josep Borrell, a fin de no perder su poder, hoy pasa por un trance de similar factura, con un secretario general, Rubalcaba, al que los sondeos de opinión califican como universalmente rechazado por los españoles y que se resiste a dar paso a la elección que podría despejar, con tiempo suficiente, la incógnita acerca que quién puede capitanear la organización socialista en los comicios de 2015.

De la misma manera, en 2000, al igual que ahora, los socialistas catalanes se decantaban por el derecho a decidir, dando así un sólido apoyo al independentismo regional, que en aquel momento se lideraba desde la Esquerra Republicana, toda vez que CiU aún no se había inclinado a tomar el barco de la autodeterminación. A su vez, en el País Vasco los socialistas aún luchaban contra esa misma idea que poco tiempo antes había inspirado el pacto entre el PNV y ETA firmado en Lizarra y un año más tarde tomaría cuerpo institucional en el Plan Ibarretxe. Y lo mismo que los vascos hacían los socialistas de otras regiones ocupándose en gestionar el sistema autonómico. En aquel entonces, la dirección del partido, a fin de diluir las contradicciones que mostraba su política práctica en los distintos lugares de España, propuso y plasmó en su programa electoral una difusa y adulterada idea federal que también ahora ha sido recuperada, para soslayar la molesta discusión acerca de qué pinta un PSC ideológicamente alejado de la tradición socialista dentro de un PSOE que se reclama heredero de Pablo Iglesias.

En fin, si volvemos la vista sobre el año 2000 también encontramos la radicalización del discurso político en un partido socialista que se desangraba por todas partes y cuyas expectativas electorales eran pésimas. Y así, en enero de aquel año fue Almunia el que ofreció a Paco Frutos -entonces presidente de Izquierda Unida- ir juntos, con un programa común orientado a establecer un Gobierno de progreso, a las elecciones que habían de celebrarse dos meses más tarde. Una radicalización que también se produce ahora, en la recién celebrada Conferencia Política, cuando se propugna la denuncia del Concordato con la Santa Sede, el ahogo fiscal de la sanidad y la enseñanza privadas, el reconocimiento de la salud, la educación, la protección social y la muerte digna como derechos fundamentales constitucionalmente protegidos, la reforma de los impuestos orientada hacia el expolio fiscal de las clases medias y los bancos o la movilización de las masas en las calles para ocupar el espacio político; todo ello para combatir, según Rubalcaba, a una derecha "desalmada", que está "trayendo mucha desgracia y mucho sufrimiento", que “miente” y que hace “cosas repugnantes”.

El PSOE ha vuelto, como vemos, sobre su propio pasado, como si su trayectoria tuviera que ser necesariamente circular, como si estuviera condenado a la maldición de Sísifo, tal vez para dar la razón a Marx cuando, en las primeras líneas de El 18 Brumario de Luís Bonaparte, tras recordar que "Hegel dijo en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces", añadió que al filósofo alemán se le olvidó decir que tal iteración se producía siempre «una vez como tragedia y la otra como farsa». Esperemos, sin embargo, que en este caso la historia no se repita y que si en la década pasada, con esos mimbres de liderazgo endeble, confusión ideológica sobre la unidad de España y radicalización izquierdista, los socialistas alcanzaron el poder gracias a la fatalidad terrorista, en el final de la actual legislatura no vuelvan a hacerlo merced al engaño independentista que se está cebando en Cataluña. Tomen nota, pues, los que ahora en el Partido Popular se frotan las manos pensado que lo tienen todo ganado y apréstense al trabajo político y al combate ideológico para restablecer la confianza que, gracias a sus propios errores, ellos también han perdido entre los españoles.

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