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Óscar Elía

ISIS: allí y aquí

Los europeos siguen mirando hacia otro lado ante la amenaza del terrorismo islamista.

Óscar Elía
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Los europeos siguen mirando hacia otro lado ante la amenaza del terrorismo islamista.

Hace diez años los medios de comunicación informaban de vez en cuando de que algunos occidentales habían aparecido, de manera casI exótica, en las filas de los terroristas iraquíes o afganos. Hace cinco ya nadie dudaba de que de Europa salían decenas de islamistas . Hoy se habla de los dos mil europeos enrolados en las filas del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés), dedicados a combatir, a ejecutar y a morir haciendo la yihad. Son españoles, británicos, alemanes, franceses, italianos... Y son cada vez más, y de ámbitos sociales cada vez más amplios.

En los últimos años las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia han desarticulado no pocas redes de financiación y captación de miembros. No es suficiente, y salta a la vista que eso no está impidiendo el flujo constante de terroristas a Oriente Medio. De hecho, las autoridades tampoco son capaces de evitar que cada vez se hagan más manifestaciones de apoyo a la barbarie yihadista en las calles europeas, a la vista de todos. Determinadas barriadas europeas se están convirtiendo en espacios fuera de la ley en las que no se sabe quién trafica con droga, quién con seres humanos ni quién recauda y recluta asesinos para la yihad.

Europa se está convirtiendo en uno de los más fructíferos viveros de yihadistas: en los últimos diez años el reclutamiento se ha multiplicado. Se trata de una progresión no solo cuantitativa sino cualitativa: en poco tiempo, la lista de yihadistas europeos ha pasado de estar formada por inmigrantes de primera generación en situación de marginalidad a incluir inmigrantes naturalizados de tercera, incluso a europeos conversos de tradición familiar ajena por completo al mundo musulmán.

Evidentemente, esto trae consigo un problema grave de seguridad, no ya en Mosul sino en París, Bruselas o Madrid: nadie duda de que, al igual que ha ocurrido a raíz de otros conflictos recientes, los terroristas regresarán a nuestras ciudades con experiencia en el uso de armas y de explosivos, con contactos terroristas y con la seguridad jurídica que les proporciona el hecho de ser ciudadanos europeos, con todas las garantías constitucionales y derechos. Esto es un sueño para el terrorista y una pesadilla para las fuerzas de seguridad.

Trae consigo en segundo lugar también un problema político. Lejos de ser una simple locura cruel, el yihadismo tiene un sentido político bien definido: es evidente en Irak, Siria o Nigeria, donde el ISIS lucha por la destrucción de órdenes políticos, por la toma de un territorio y por la disuasión de toda presencia occidental. Pero también tiene un sentido político aquí: pese a que los españoles parecen no querer pensar en ello, lo cierto es que la familia yihadista, desde Indonesia a Marruecos, considera España tierra de nostalgia y de conquista: quienes matan cristianos o yazidíes en el Kurdistán lo hacen también con Al Ándalus en la mente, tanto como con Roma y Jerusalén. Su objetivo puede ser Bagdad, pero también Madrid..

Y existe, en tercer lugar, un problema cultural. Con el desarrollo de la modernidad, los europeos han desarrollado una capacidad patológica para el autoodio y la frustración consigo mismos. Este rechazo, acelerado en la actualidad, ha tenido como uno de sus efectos la promoción de todas aquellas culturas que impliquen la negación de la occidental: las políticas de relativismo cultural y de multiculturalismo son su expresión más corrosiva. El efecto del respeto a todas las creencias y culturas ha sido la aparición en las ciudades europeas de barriadas enteras que empiezan a escapar a la ley y al Estado de Derecho para caer bajo la jurisdicción de la sharía. Ha sido también su efecto la proliferación de mezquitas y centros islámicos sin control, que nadie se atreve a cerrar y perseguir; y lo son los imanes y cabecillas ideológicos que predican el odio de comunidad en comunidad por todo el continente, ante la tolerancia islámica y la pasividad institucional.

Ante esta expansión del yihadismo cultural en territorio europeo, que sustenta moral y materialmente al yihadismo en Oriente Medio, los europeos están hasta la fecha paralizados, presos de complejos culturales y miedo a desatar las iras yihadistas. Se limitan a reducir la cuestión a términos policiales o de inteligencia, herramientas que por definición sólo son válidas para el final del proceso, cuando la red o el terrorista están prestos a actuar. Pero respecto al resto, la impunidad con la que el yihadismo allí se gesta ya aquí, los europeos siguen mirando hacia otro lado.

Es en este contexto en el que adquiere su sentido el manifiesto de la plataforma Stop ISIS, con el que diversos intelectuales, profesores y periodistas advierten de que el resultado de lo que ocurra en Irak se trasladará aquí; y de que al mismo tiempo el conflicto de allí se juega aquí. Esto, el islamismo parece tenerlo claro. Bastante más que los españoles y el resto de europeos.

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