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Pablo Molina

El retorno de los comecuras

Sánchez ha identificado, por fin, el problema más grave de los españoles y el principal obstáculo para salir de la crisis: la religión.

Pablo Molina
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Sánchez ha identificado, por fin, el problema más grave de los españoles y el principal obstáculo para salir de la crisis: la religión.
EFE

El secretario general del PSOE ha identificado, por fin, el problema más grave de los españoles y el principal obstáculo para salir de la crisis económica que atenaza al país: la religión. La católica, por supuesto; las demás son una sana expresión de multiculturalismo y el mestizaje que los poderes públicos deben proteger.

En el borrador de programa para las próximas elecciones generales, Pedro Sánchez ha incluido la necesidad de erradicar la enseñanza de la religión no sólo del currículum evaluable, que era lo tradicional en el PSOE cuando se ponía comecuras, también del horario escolar. Así pues, de prosperar esta ocurrencia y ganar las elecciones, dará igual la opinión de los padres al respecto: en materia de enseñanza religiosa se hará lo que dicte Pedro Sánchez y todo el mundo a callar. Como ejemplo de un partido que dice defender los derechos ciudadanos y las libertades públicas no está nada mal.

Desde el punto de vista del todavía secretario general del PSOE, las niñas de 14 años están capacitadas para decidir si abortan o no, pero los padres mayores de 30 no pueden decidir con criterio si quieren que sus hijos cursen la asignatura de Religión. Ni siquiera en los colegios privados, que para eso están los inspectores de enseñanza; los mismos que no han aparecido en 35 años por las aulas catalanas, donde se impide estudiar en español.

Como ocurre cada vez que se enfrentan a unas elecciones reñidas, los socialistas sacan su vena masona para arañar unos cuantos votos entre la izquierda cafre, pero ni González Márquez ¡ni siquiera ZP! llegaron a tanto. Pedro Sánchez sí, porque la amenaza de Pablemos es mucho más palpable que la Izquierda Unida del pobre Llamazares.

En el PSOE no se han enterado de que los podemitas andan de capa caída y que lo más prudente es distanciarse de ellos para no contagiarse del rechazo electoral que vienen anunciando las últimas encuestas. Más les valdría a los socialistas intentar parecerse a Ciudadanos, pero Sánchez ha mostrado sus preferencias: quiere ser tan radical como Iglesias y que su partido se acerque a Podemos hasta hacerse indistinguible. Que el Dios católico les permita confluir a mitad de camino y se metan un batacazo conjunto que quede para los anales. Amén.

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