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Pablo Molina

En manos de Lastra y Rufián

Las negociaciones entre unos y otros nos van a dar la medida de hasta dónde puede descender la política en España.

Pablo Molina
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Las negociaciones entre unos y otros nos van a dar la medida de hasta dónde puede descender la política en España.
Adriana Lastra y Gabriel Rufián | EFE

Una prueba incontestable de la decadencia de la política española es que la formación del futuro Gobierno dependerá de lo que decidan a partir de mañana Adriana Lastra y Gabriel Rufián.

Las apuestas están muy altas porque Sánchez no puede permitirse unas nuevas elecciones, ante el riesgo de que los barones de su partido lo expulsen por segunda vez. En la anterior ocasión volvió a la secretaría general de los socialistas en olor de multitud, pero un tercer fracaso consecutivo en el proceso de investidura podría hacer cambiar de opinión hasta a los socialistas de base, cuerpo electoral con unas tragaderas muy amplias pero sujeto a ciertos límites.

¿De qué irán a hablar los dos jóvenes estadistas? Desde luego, no de su pasado laboral fuera de la política, tema de conversación que se agotaría antes de empezar a tratarlo siquiera. Tampoco van a elaborar, pobrecillos, un programa de gobierno conjunto con medidas para reactivar nuestra economía o evitar el zarpazo de la crisis que se avecina. En realidad, el meollo de esa negociación, de cuyo éxito dependerá el futuro Gobierno de España, es determinar cuánto tiempo va a tener que seguir Oriol Junqueras en prisión. Si hay acuerdo, Sánchez seguirá empotrado en la Moncloa unos meses más. En caso contrario, prepárense otra vez para votar.

Jorge Semprún relata en sus memorias las múltiples maneras en que Alfonso Guerra lo zahería a cuenta de sus estrechas relaciones con los nacionalistas catalanes. Como ministro de Cultura, Semprún hizo numerosas concesiones de fondos museísticos a la Generalidad para satisfacer a Pujol, algo que Guerra no llevaba nada bien. En una ocasión acudía Semprún al Consejo de Ministros tras haber firmado uno de esos convenios. Llegó con cierto adelanto pero en la sala ya estaba Alfonso Guerra, que, sin levantar la vista del libro de poemas que tenía en la mano, le espetó: "Qué, ¿otra vez bajándonos los pantalones con los catalanes?".

De González y Guerra a Sánchez y Carmen Calvo, pasando por Zapatero, el socialismo en España no ha hecho más que progresar en barrena. Lo mismo que ERC, que de tener como líder a Tarradellas ha pasado a depender de Rufián. Las negociaciones entre unos y otros nos van a dar la medida de hasta dónde puede descender la política en España. De los nacionalistas no podemos esperar nada nuevo. En cambio, los socialistas, con Adriana Lastra al mando, tienen todavía mucho margen para horrorizarnos. Lo vamos a flipar.

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