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Pablo Molina

Francisco Granados, un político 'ejemplar'

No hay nada malo en tener los ahorros depositados en un paraíso fiscal, salvo si perteneces al partido que ha convertido España en un infierno impositivo.

Pablo Molina
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No hay nada malo en tener los ahorros depositados en un paraíso fiscal, salvo si perteneces al partido que ha convertido España en un infierno impositivo.

El senador de la nación española y diputado de la madrileña Francisco Granados ha anunciado su dimisión de ambas responsabilidades tras descubrirse la existencia de una cuenta bancaria en Suiza a su nombre con un saldo de un millón y medio de euros. En cuanto se supo que dispone de esa fortuna en tierras helvéticas, las críticas hacia el senador popular le han llovido desde todos los frentes, incluido el PP, especialmente sensible a estos asuntos offshore desde que al tesorero del partido se le descubrió una pastizara aún mayor en la misma demarcación geográfica.

No hay nada malo en tener los ahorros depositados en un paraíso fiscal, salvo si perteneces al partido que ha convertido España en un infierno impositivo para todos aquellos que no podemos poner nuestras magras finanzas a salvo de la rapacidad de las hordas de Montoro. En tal caso, lo menos que puede hacer el afectado es renunciar a los dos latisueldos que le pagamos los contribuyentes, condenados a sufrir la confiscación a que nos somete el gobierno del PP con su voto entusiasta cada vez que ha habido ocasión.

El caso de Francisco Granados es ejemplar, en el sentido de que representa muy bien el antagonismo perfecto entre las peroratas públicas de la casta y lo que hacen con sus cosas. En nuestra clase política, por ejemplo, abundan los que imponen la escuela pública por decreto mientras llevan a sus criaturas a centros privados con el dinero de los que no tenemos más opción que pagar y resignarnos. O los diputados comunistas enemigos mortales del capitalismo y defensores a ultranza del sistema público de pensiones que disfrutan de un plan de previsión privado pagado con nuestro dinero y los ahorros a plazo en entidades privadas, mucho más rentable que invertir en bonos del tesoro venezolano o en sociedades cooperativas dedicadas a promover el comercio justo.

Por todo ello, los voluntariosos compañeros del dimisionario harán bien en no ponderar su decisión como un gesto de gran generosidad y altura de miras. Francisco Granados ha preservado el futuro de sus hijos mientras contribuía con su partido a destruir el porvenir de los nuestros. Sólo falta que sus colegas quieran ahora que, encima, le demos un aplauso.

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