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Pablo Molina

Los sobrecogedores del Cabrón

Que nadie se deje llevar por el pánico; cuando se vaya a abrir el juicio todos esos delitos habrán prescrito. En España es otra tradición.

Pablo Molina
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Que nadie se deje llevar por el pánico; cuando se vaya a abrir el juicio todos esos delitos habrán prescrito. En España es otra tradición.

Las informaciones del periódico El Mundo sobre la política retributiva de los altos cargos implantada por Bárcenas en el PP revelan que esa peculiar manera de alimentar el servicio público a base de dinero negro no era privativa del Ministerio del Interior durante el Felipismo. Al contrario, lo de sobrecogerse cada final de mes era práctica muy extendida en la alta política nacional, cuyos dirigentes, a uno y otro lado del espectro ideológico, coincidieron en que la estrechez salarial de la función pública hacía necesaria la entrega mensual de un complemento sustancioso para compensar tantos desvelos. También hubo unanimidad en distraer del conocimiento del fisco la existencia de esos fondos, seguramente para evitar las envidias que provocan este tipo de agasajos, a pesar de estar plenamente justificados.

Al parecer, Bárcenas repartía entre cinco mil y quince mil euros mensuales a cada agraciado de la dirección del PP en función de su nivel de responsabilidad, pues había que compensar, siquiera en parte, el enorme sacrificio de sus dirigentes por mejorar la sociedad. Ahora bien, teniendo en cuenta que el Partido Popular tiene 37 altos cargos entre vicesecretarios, secretarios sectoriales, coordinadores y asimilados, cada año se estarían repartiendo unos 2,6 millones de euros procedentes de, digamos, ingresos extraordinarios pendientes de regularizar. Así pues, en los 20 años que el Cabrón, como cariñosamente le llamaban sus amigos, ha estado al frente de las finanzas del PP, se habrían distribuido no menos de 52 millones de euros computando catorce sobres anuales, un gesto necesario este de los dos sobres extra para que las vacaciones de verano y los regalos navideños de los esforzados paladines del centro-reformismo estuvieran a la altura de sus merecimientos.

En el Partido Popular andan todos sobrecogidos por una noticia de la que naturalmente se han enterado por la prensa, otro clásico transversal de la política española. Los que han hablado de este asunto se acogen al pueril expediente de que el acusado ya fue expulsado del Partido Popular, sin tener en cuenta que las sospechas que pesan sobre él datan de cuando era su responsable financiero. Por su parte, a María Dolores de Cospedal, actual jefa del tinglado, no le consta que hubiera ese reparto de sobres a los altos cargos del partido, a pesar de lo cual la prensa recoge una frase suya con la que puso fin a esos peculiares complementos retributivos del siguiente tenor: "A partir de ahora todas las cosas se van a hacer por derecho, Luis". Si la cita es textual, en ese "a partir de ahora" es donde reside la clave de todo este asunto. Pero que nadie se deje llevar por el pánico; cuando se vaya a abrir el juicio todos esos delitos habrán prescrito. En España es otra tradición.

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