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Pablo Molina

Pactar qué y con quién

Esto de anunciar una reunión con el líder de la oposición sin conocimiento del líder de la oposición es solo otra bellaquería más de la banda de Sánchez.

Pablo Molina
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Esto de anunciar una reunión con el líder de la oposición sin conocimiento del líder de la oposición es solo otra bellaquería más de la banda de Sánchez.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez | EFE

La portavoz del Gobierno anunció este martes, tras el Consejo de Ministros, que Pablo Casado sería llamado a la Moncloa a declarar este jueves ante Pedro Sánchez. En el PP no tenían noticia de esa citación, de la que se enteraron exactamente al mismo tiempo que los demás, para que luego digan que el Gobierno hace diferencias entre españoles. Esto de anunciar una reunión con el líder de la oposición sin conocimiento del líder de la oposición es solo otra bellaquería más de la banda de Sánchez, pero nos permite acotar el grado de respeto del Gobierno socialcomunista a los usos normales en una democracia.

Las reuniones que Sánchez pretende orquestar con los demás partidos tienen como objetivo presunto la firma de un gran acuerdo de reconstrucción nacional, como en su día ocurrió con los famosos Pactos de la Moncloa. El marco para este amplio consenso ha de inspirarse, forzosamente, en las grandes líneas estratégicas marcadas por el Gobierno durante la actual crisis pandémica, a las que intentará sumar al resto de las fuerzas políticas salvo alguna reforma de matiz, porque no tiene sentido convocar a los partidos parlamentarios para cambiar de raíz todo lo que el Gobierno ha hecho ya.

¿Y qué ha hecho el Gobierno para sentar las bases de la recuperación económica una vez los españoles vayamos volviendo a la normalidad? Pues crujir a impuestos a los empresarios, enviar al paro a millones de trabajadores, anunciar un programa de subsidios de miseria y amenazar con expropiar (lo que quede de) la riqueza nacional. Y financiar a las televisiones amigas con 15 millones de pavos, que ya se nos iba a olvidar.

La otra gran cuestión en estos nuevos Pactos de la Moncloa es con quién se pretende que se firmen. Esta parte es muy sencilla: con Sánchez e Iglesias. El primero, un socialista que ha basado en el odio al adversario toda su carrera política, es responsable directo de que la pandemia haya adquirido dimensiones de tragedia. El segundo es un personaje que alimenta algaradas contra el Jefe del Estado, lo menosprecia públicamente y pretende utilizar la catástrofe para acabar con la monarquía parlamentaria e instaurar una nueva república, suponemos que con él en la presidencia.

Este es el marco general que Sánchez ofrece a Casado para que pase por su despacho a firmar. Y si el líder popular se resiste, será acusado de desleal ante el resto del mundo. Lo que no puede entender un megalómano como Sánchez es que la inmensa mayoría de los ciudadanos valore el rechazo a sus pretensiones como el gesto necesario de los partidos del centro-derecha en defensa del verdadero interés general. Casado debería explicárselo en 30 segundos cuando vaya a la Moncloa y salir pitando a renglón seguido. Y que la ministra portavoz anuncie la semana próxima el éxito de esta nueva estrategia del Gobierno, con la firma de un gran acuerdo de Estado entre Sánchez, Iglesias, Otegi y Rufián.

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