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Jorge Fernández, en la picota

Las comidas de estos primeros días de temporada están alimentando –nunca mejor dicho– la animadversión hacia el ministro del Interior.

Pablo Montesinos
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Querida Ketty:

Será íntimo de Mariano –ocupó tres secretarías de Estado en la época de Aznar, y en todos los casos adscritas al hoy presidente–, pero a Jorge Fernández le ha salido más de un enemigo en el partido. Y no estoy hablando precisamente de Jaime Mayor ni de Esperanza Aguirre, que le dieron su opinión sobre los pasos dados en política antiterrorista en el ya famoso Comité Ejecutivo del día 3. Hablo de compañeros de bancada, de cargos de la estructura media. El "protagonista del verano", en opinión de un diputado veterano.

Las comidas de estos primeros días de temporada están alimentando –nunca mejor dicho– la animadversión hacia el ministro. Entre plato y plato: "Yo no he visto nunca a tanta gente enfadada. Hablo de los nuestros. La subida de impuestos fue pecata minuta con lo que se ha montado [por el caso Bolinaga]. Si alguien hiciera una encuesta, solo entre votantes del PP, sobre qué opinan del ministro, te quedarías sorprendido". Un compañero de gabinete, de Génova de toda la vida, dio la cara por él: "Nos conoces, él también es del PP de toda la vida, y jamás negociaríamos con ETA. Ha hecho lo único que podía hacer".

Pero incluso quienes le defienden, principalmente miembros del consejo de Rajoy, admiten desgaste electoral –han saltado las alarmas sobre los votos que podrían perderse... no tanto en el País Vasco como en Galicia– y descuido en las formas. "Ni nos hemos explicado bien, ni hemos estado a la altura con las víctimas". Y lo dice un ministro clave, lo que evidencia la envergadura del debate interno. La pregunta, pues, es irremediable: ¿podría salir del Gobierno? ¿Caerá en la próxima crisis, aún sin fecha? "Eso solo lo decidirá Rajoy, pero a él nadie le marca el camino, lo ha dejado claro. Y son muy amigos".

Hay algunos que, medio en broma medio en serio, le han buscado ya sustituto: Javier Arenas. Si bien esto es ir muy deprisa, a pesar de que el desembarco del andaluz se dé por descontado, y además es generalizada en el PP la idea de que será un buen chute y ayudará a dar relieve al Ejecutivo.

Y así llegamos a los postres. Menudo atracón, podríamos decir. Aunque supongo que los tuyos también tendrán chascarrillos, con socialistas pidiendo la independencia como si tal cosa y líderes regionales –hablo de Galicia– a los que no conoce casi nadie. ¡Quiero detalles! El presi, de todos, mientras tanto, sigue a lo suyo: deshojando la margarita del rescate. También dio para ello en las comidas: la mayoría cree que llegará, entre otras cosas, porque los mercados lo dan por descontado. E insisto –porque me lo dicen– que no hay que perder de vista Italia: nuestras primas de riesgo ya vuelven a estar casi igualadas, y más quisieran los transalpinos tener nuestros vencimientos de deuda. Rajoy lo tiene claro: o de la mano, o nada.

Aquí lo dejo, que ando inapetente. Será el empacho; informativo, claro. ¡Qué dura está siendo la vuelta! Mientras, tú, siempre fantástica, de los leones a Ferraz –por cierto, que no conozco, me tienes que invitar– y tiro porque me toca.

Un beso,

Pablo.

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