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Pablo Planas

De Perpiñán a las mezquitas

Todos a una han salido en defensa del islam, de un islam que dicen que es pacífico y dialogante, como el propio nacionalismo.

Pablo Planas
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A los nacionalistas catalanes les ha sobrevenido un ataque de espiritualidad que por primera vez en la historia nada tiene que ver con la Virgen de Monserrat. Todos a una han salido en defensa del islam, de un islam que dicen que es pacífico y dialogante, como el propio nacionalismo; un islam integrador y constructivo. Y ahí van, haciendo la pelota y pidiendo el voto contra España a cualquiera que porte chilaba. El apostolado consiste en convertir a los imanes en indepes antes que en demócratas, lo que entre otras muchas cosas implicaría reconocer a las mujeres los mismos derechos de los hombres o impedir la salvajada de recomendar que no se escolarice a las niñas.

Una vez conseguida la independencia todo cambiará, afirman. Ataremos los perros con longanizas de cordero y puede que hasta los clérigos salafistas se vuelvan menos toscos y dejen de prescribir la violencia de los varones contra sus esposas en el caso de que el cuscús no esté en su punto. Mientras tanto, los prebostes del proceso separatista prometen el oro al moro, convertir las plazas de toros en mezquitas y certificados de arraigo con cuatro horas de clases de catalán.

El nacionalismo es friendly con los hermanos musulmanes a cambio del voto, lo que visto desde la perspectiva del regateo es un chollo para los nous catalans: todos los derechos y ninguna obligación, salvo rendir pleitesía a su imán y a los líderes de sus comunidades, que son quienes hablan, dialogan, debaten y pactan con los altos cargos de la Generalidad, los funcionarios de asuntos religiosos (hay una dirección general autonómica al efecto), el secretario de emigración de CDC, el ínclito Colom, y con los líderes de ERC.

Junqueras, por ejemplo, presume de católico, quiere ser diácono, sale de procesión con la Cofradía del Cristo de la Salud y Nuestra Señora de la Soledad en Compañía de la Buena Gente y difunde las fotos en las redes sociales para que se aprecie su devoción. La cofradía es de origen andaluz, como la mayoría de las existentes en Cataluña. De lo que no ha hablado nada Junqueras es de otra foto, publicada por El Mundo, en la que queda retratado en el rezo de los viernes de una mezquita en la que no se predica la teología de la liberación, ni la confraternización con los infieles ni el perdón de los judíos.

Tal vez tanto diálogo interreligioso y multicultural esconda el trenzado de una Alianza de Civilizaciones, algo así como un pacto o una tregua entre Cataluña y el islam. No sería la primera vez ni el primero de ERC que viaja a Perpiñán.

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