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'Derecho a decidir' si te vas o te callas

Lo peor de Pujol no es que haya defraudado a Hacienda y a los que creían en él, sino la Cataluña que nos ha dejado.

Pablo Planas
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Lo peor de Pujol no es que haya defraudado a Hacienda y a los que creían en él, sino la Cataluña que nos ha dejado, la del silencio ante la ejecución simulada de un concejal del PP en Cardedeu (18.000 habitantes a treinta y pocos kilómetros de Barcelona). La miseria moral no afecta sólo a los fondos públicos, sino que tiene un componente de violencia muy real. Que un grupo de mamarrachos señale la casa de un disidente es grave, pero más aún que esté por escucharse una condena oficial, soberanista o cívico-nacionalista del incidente".

El incidente, de sobra conocido, consistió en que una Colla de Trabucaires se plantó ante el domicilio particular de Jaime Gelada, el dicho concejal, a las siete de la mañana y estuvo quince minutos disparando salvas de pólvora al balcón del edil. O sea, un fusilamiento al amanecer, Berlín años treinta, Leiza años noventa, una destilación de xenofobia, totalitarismo y terrorismo simbólico perpretado por elementos conocidos de ERC y Òmnium Cultural de la localidad. Como quiera que podrían haber incurrido en varios delitos, dicen que fue una "broma", que se colocaron frente a la casa porque no había coches aparcados y que Gelada se molesta por nada, que no sabe aguantar una novatada de los mozos.

Pues no, no es precisamente una novatada. El pujolismo, tan ensalzado tiempo atrás, consiste (aparte del enriquecimiento familiar) en que nadie ha condenado la "broma", ni el Gobierno regional, ni el ayuntamiento, ni los partidos, ni casi el PP. La inoculación del nacionalismo ha sido de tal calibre en la sociedad catalana que muchos dirigentes de la formación conservadora en la región se molestan si escuchan las palabras región y Cataluña en la misma frase y creen que denunciar un ataque a una sede o una pintada terrorista es echar más leña al fuego, y además no conviene a la imagen de plena integración en el entramado institucional catalán que pretende la dirección del partido en Madrid.

Se juntan el hambre con las ganas de comer y se asume con naturalidad que ser del PP (o de Ciutadans) en Cataluña es una anomalía que tampoco conviene divulgar demasiado. Como lo de declararse español, ya sea por las consecuencias que puede acarrear en materia laboral, por vergüenza o por no aguantar la agresividad verbal de no pocos independentistas, que no serán mayoría pero actúan y hablan como si lo fueran, varios tonos por encima de lo normal y con la inevitable hemorragia masiva de perdigones que excretan por la boca. Pura fisiología.

En Cardedeu y en la persona de Jaime Gelada concurren la exclusión social y el señalamiento público. Lo que es una ejecución cívica en toda regla. Que en ese contexto se hable de derecho a decidir es como alabar la libertad de expresión en Cuba, el libre mercado de Rusia o la calidad de los abastecimientos venezolanos.¿Derecho a decidir? Sí, a decidir si te vas o te callas y aprendes a aguantar las bromas. Este ambientillo de cristales rotos y fusilamientos simulados al amanecer es el legado de Pujol. Que se permita y persista la situación apela directamente al Gobierno de la Nación, a la Justicia y a las Fuerzas de Seguridad, incluidos los mozos de escuadra, no los de Cardedeu. Aunque a este paso...

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