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Pablo Planas

Las iglesias no arden; se consumen solas

La fobia a la religión de la izquierda no es omnicomprensiva, sino que se concentra en el cristianismo en particular y concretamente en el catolicismo

La fobia a la religión de la izquierda no es omnicomprensiva, sino que se concentra en el cristianismo en particular y concretamente en el catolicismo
EFE

La fobia a la religión de la izquierda no es omnicomprensiva, sino que se concentra en el cristianismo en particular y concretamente en el catolicismo. Las matanzas de cristianos en nombre de Alá le importan un comino, pero contra el Vaticano, poder clitoriano, brama Rita Maestre, suma sacerdotisa satanasa de la revolución de los pechos fuera (como Afrodita en Mazinger Z). Se desconoce el motivo que puede inducir a una concejala a asaltar una capilla o a pretender cerrarla. Las iglesias, aparte de dar el apellido al vampiro, adornan el paisaje y no registran aglomeraciones ya desde los tiempos del Concilio Vaticano II, cuando se prohibió el latín. El efecto de las prédicas parroquiales todas sumadas es infinitamente menor que el de un tuit de Zapata escrito desde la letrina de la comuna. La Iglesia en España no cuenta ni en los colegios a los que ya sólo da nombre y licencia. Lo único que puede conseguir la izquierda al arremeter contra los curas es revitalizar un cuerpo inerte por la vía del electrochoque.

Benedicto XVI alertó en tiempos de Zapatero de la agresividad de la izquierda española:

El renacimiento del catolicismo en la época moderna se produce sobre todo gracias a España, donde figuras como San Ignacio, Santa Teresa o San Juan de la Cruz dan forma a la fisionomía del catolicismo moderno. Pero es también verdad que en España nació una laicidad, un secularismo fuerte y agresivo, como vimos en los años treinta.

A Benedicto XVI siempre se le ha llamado Ratzinger, tal vez porque sus encíclicas se caracterizaban por un intenso contenido moral, filosófico y teológico. A Bergoglio, en cambio, hasta la prensa progre le llama "papa Francisco". Echan humo las palmas en reconocimiento a su primera encíclica, una ardua cogitación sobre el cambio climático. En la Santa Sede todos se refieren a ella, con admiración, como la encíclica del ascensor porque habla del frío y del calor.

El papa emérito ha visto confirmados sus pronósticos sobre la secularización en España. Las sores Caram y Forcades muestran que el fenómeno se ha introducido incluso en los conventos de clausura. Las monjas son exhibidas por los platós siempre que hagan y digan lo que no deberían decir ni hacer dos religiosas. Se las soporta porque en el fondo y en las formas contribuyen a la causa que encarna Rita, la de vapulear a la Iglesia, sea por su selección de personal o para ilustrar los supuestos estragos de la vida conventual.

De momento, las iglesias no arden; se consumen solas.

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