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Pedro de Tena

El Rey no está solo

Soy un monárquico republicano más, como lo fueron la mitad o más de los que impulsaron la Transición.

Pedro de Tena
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Mi admirado y valeroso Pablo Planas, el gran cronista del golpe de Estado del separatismo catalán en el siglo XXI, escribió no hace mucho que el Rey está solo ante las asechanzas del independentismo racista. No le perdonan aquel discurso del 3 de octubre. Tómese nota a modo de resumen:

Sé muy bien que en Cataluña también hay mucha preocupación y gran inquietud con la conducta de las autoridades autonómicas. A quienes así lo sienten, les digo que no están solos ni lo estarán; que tienen todo el apoyo y la solidaridad del resto de los españoles, y la garantía absoluta de nuestro Estado de Derecho en la defensa de su libertad y de sus derechos.

Todo lo que dijo aquel día Felipe VI de Borbón le hizo rey. Incluso, fíjense, qué cosas tiene la vida, le hizo mi rey. Aunque nunca he sido monárquico, entiendo que la institución puede tener utilidad, como se ha demostrado en la historia de Europa, de España y en ésta, dos veces con claridad en los últimos cuarenta años. Nada original. Soy un monárquico republicano más, como lo fueron la mitad o más de los que impulsaron la Transición.

Pero el Rey no está solo. Ciertamente está amenazar por el separatismo racista catalán y vigilado por el separatismo racista vasco, que, oigan, intentó matar a su padre. También está maldito y perseguido por todos aquellos que odian la Transición y sus protagonistas, aquellos que hicieron posible el paso de un régimen autoritario –que ya no era ni dictadura, nada que ver con Venezuela, ni con Cuba ni con China, ni con Rusia…–, a una democracia liberal bajo la fórmula de la monarquía constitucional. E incluso está acosado por los partidos que dicen ser fervientes servidores de su continuidad por la estupidez supina –hacer daño a todos, incluso a sí mismos–, que llevan manifestando desde hace años.

No, el Rey no está solo. Se ha visto en Tarragona –parte de Tabarnia, no se olvide–, cuando la inauguración de los Juegos del Mediterráneo cayó como una bronca popular sobre el ADN puro de la marioneta de Puigdemont. Y van y dicen que es el Estado seleccionó a los que asistieron a la ceremonia, mostrando de ese modo que son ellos los que hubieran cometido tal fechoría si hubieran podido. Es la prueba del nueve de que están como una cabra.

No, el Rey no está solo. Hay millones de ciudadanos, desde catalanes y vascos hasta gallegos y andaluces, pasando por el resto de los que viven en otras partes del mapa de España, que estamos con él. Somos todos nosotros los que tenemos que darle fuerza. En la democracia española, los partidos se han apoderado de muchas cosas, de muchos resortes, de muchos instrumentos necesarios para la convivencia que no son de su propiedad. Bueno será que no olviden, cuando menos, la historia de Europa. En el momento de más aparente internacionalismo en el primer cuarto del siglo XX, el sentimiento nacional afloró y se impuso. En España, hoy, ese sentimiento nacional parece dormido, anestesiado. Pero está vivo. Yo lo siento en mí y en otros muchos, miles, millones de ciudadanos, hartos ya de monsergas, de falacias, de mentiras, de exclusiones y expropiaciones presupuestarias para aplacar a quienes odian a España.

O sea, que no, que el Rey no está solo. Ojo. A lo mejor habría que demostrarlo con un acto de apoyo a Felipe VI. Convóquese por alguien con autoridad moral y se verá cómo es de inmensa la mayoría democrática nacional.

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